Las troyanas
Eurípidesc. 415 a. C. • Teatro· Clásicos · ⏱ ~58 min de lectura
Contexto
Las troyanas (Trôiádes) es una tragedia de Eurípides (h. 480-406 a. C.), estrenada en Atenas en el año 415 a. C. Dramatiza las consecuencias de la caída de Troya sobre las mujeres de la ciudad vencida, tomando como protagonistas a las cautivas —Hécuba, Casandra, Andrómaca, Helena— en lugar de a los guerreros del mito, algo característico de la mirada de Eurípides, siempre atento a las víctimas y a los que carecen de voz.
El contexto histórico es clave para entender su fuerza. Solo unos meses antes del estreno, Atenas había sometido con extrema brutalidad a la isla de Melos, ejecutando a sus hombres y esclavizando a mujeres y niños por negarse a unirse a su alianza. Muchos han leído Las troyanas como una crítica velada a ese crimen y, en general, a la guerra del Peloponeso que desangraba a Grecia: una advertencia moral dirigida a la propia Atenas en el momento de su mayor arrogancia imperial.
La versión que aquí se ofrece traduce el texto griego a un español clásico y cuidado, conservando la estructura de la tragedia con sus lamentos, diálogos y cantos corales. Mantiene los pasajes más desgarradores: el prólogo de los dioses que anuncian el castigo de los griegos, las despedidas de las cautivas y la muerte del pequeño Astianacte.
Considerada una de las obras antibelicistas más importantes de todos los tiempos, Las troyanas ha sido versionada y representada sin cesar, especialmente en épocas de guerra —del montaje de Jean-Paul Sartre durante la de Argelia a innumerables adaptaciones contemporáneas—, como denuncia perenne del sufrimiento de los inocentes. Su vigencia, tristemente, no ha dejado de renovarse en cada conflicto.
Temas y análisis
La guerra vista desde las víctimas
Frente a los cantos heroicos, Eurípides muestra el reverso de la guerra: no la gloria de los vencedores, sino el sufrimiento de las mujeres, los ancianos y los niños que quedan entre las ruinas. Es una de las grandes obras antibelicistas.
El coste de la violencia y la nada del vencedor
«Necio es cualquier mortal que conquista una ciudad»: quien hoy destruye será mañana destruido. La obra advierte que la violencia no engrandece a nadie y acaba volviéndose contra quien la ejerce.
La dignidad en la derrota
Despojadas de todo, las troyanas conservan una entereza sobrecogedora. Hécuba, que lo ha perdido todo, aún consuela a las demás: la grandeza moral resiste allí donde el poder ya no existe.
Vida, muerte y esperanza
«No es lo mismo vivir que morir; la muerte es la nada, y a la vida le queda la esperanza.» Incluso en el fondo del dolor, la obra afirma un apego terco a la vida y a lo que aún puede venir.
La inocencia sacrificada
El asesinato del niño Astianacte, arrojado desde las murallas por miedo a una venganza futura, concentra toda la crueldad de la guerra: sus verdaderas víctimas son quienes nada han hecho.
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Frases de Las troyanas
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