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Biografía de Voltaire

Filósofo francés · 1694–1778

El azote de la intolerancia

François-Marie Arouet, que adoptó el nombre de Voltaire, nació en París el 21 de noviembre de 1694, en una familia burguesa acomodada. Educado por los jesuitas, pronto reveló un ingenio afilado y una lengua peligrosa que le acarrearían problemas toda la vida: por sus sátiras contra el poder fue encarcelado en la Bastilla y desterrado. Ese exilio forzoso a Inglaterra (1726-1728) fue decisivo: allí descubrió la tolerancia religiosa, el parlamentarismo, la libertad de prensa y la filosofía de Locke y la ciencia de Newton, que contrastó admirado con el absolutismo y la superstición de su Francia natal.

El filósofo de la Ilustración

Voltaire se convirtió en la figura central de la Ilustración, encarnación misma del philosophe: el intelectual comprometido que usa la razón como arma contra la ignorancia, el dogma y la opresión. En sus Cartas filosóficas difundió las ideas inglesas; en el Diccionario filosófico y en incontables panfletos, cuentos y artículos, atacó incansablemente la intolerancia religiosa, la censura, la tortura y los abusos del poder. Su grito de guerra, «Écrasez l'infâme» («Aplastad la infamia»), iba dirigido contra el fanatismo y la superstición en todas sus formas. Deísta convencido, creía en un Dios racional y en una moral universal, pero combatió con ferocidad a las iglesias que, a su juicio, esclavizaban las conciencias.

«Cándido»

Su obra más leída y perdurable es Cándido, o el optimismo (1759), un breve cuento filosófico de una ironía demoledora. A través de las desventuras del ingenuo Cándido y su maestro Pangloss —que, contra toda evidencia de catástrofes, guerras y crueldades, insiste en que vivimos «en el mejor de los mundos posibles»—, Voltaire ridiculiza el optimismo filosófico de Leibniz y afronta el problema del mal con un humor negro y una lucidez inolvidables. La conclusión, «hay que cultivar nuestro jardín», propone frente a las grandes teorías el valor modesto del trabajo útil y concreto. Es una obra maestra de la sátira universal.

El defensor de las víctimas

Voltaire no se limitó a las ideas: intervino en casos judiciales concretos para denunciar la injusticia. El más célebre fue el del protestante Jean Calas, ejecutado en Toulouse en 1762 tras un proceso viciado por el fanatismo religioso. Voltaire dedicó años a rehabilitar su memoria y logró que se anulara la condena, en una campaña que escribió con su Tratado sobre la tolerancia y que se convirtió en un hito de la lucha por los derechos humanos. Demostró así que la pluma podía combatir la injusticia real, no solo teorizar sobre ella.

Una obra inabarcable

Escritor de una fecundidad prodigiosa, Voltaire cultivó todos los géneros: tragedia, poesía épica, historia —fue un innovador de la historiografía en obras como El siglo de Luis XIV—, cuento, ensayo, correspondencia monumental. Vivió sus últimos años en Ferney, cerca de la frontera suiza, convertido en una autoridad moral consultada por toda Europa, correspondiéndose con reyes como Federico II de Prusia y Catalina de Rusia, a quienes admiraba como «déspotas ilustrados».

El poder de la ironía

El arma característica de Voltaire fue la ironía: la burla inteligente, el ridículo demoledor, la sátira que desarma más que cualquier argumento solemne. Sabía que una carcajada podía hacer más contra el fanatismo que un tratado, y convirtió el ingenio en un instrumento de combate intelectual. Sus cuentos filosóficos —además de Cándido, Zadig o Micromegas— disfrazan de ligera fábula una crítica profunda de las supersticiones, los prejuicios y las pretensiones humanas, en un modelo de literatura que hace pensar mientras divierte.

Voltaire encarnó también una nueva figura social: la del intelectual público, la conciencia crítica que interviene en los asuntos de su tiempo desde la independencia de su pluma. Rico gracias a hábiles inversiones, se procuró la libertad económica que le permitía enfrentarse al poder sin depender de él. Desde su retiro de Ferney tejió una red de correspondencia e influencia que abarcaba toda Europa, ejerciendo un magisterio moral que ningún otro escritor había alcanzado. Fue, en vida, una institución: la voz de la razón contra la barbarie.

Legado

Murió en París el 30 de mayo de 1778, tras un regreso triunfal a la capital de la que había estado desterrado. Sus restos fueron trasladados durante la Revolución al Panteón, entre honores nacionales. Voltaire es el símbolo perdurable de la Ilustración y de la defensa de la libertad de pensamiento y expresión. La frase que resume su espíritu —«no estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo»—, aunque acuñada por una biógrafa, capta con exactitud el legado del hombre que hizo de la tolerancia y la razón las banderas del mundo moderno.

Obras de Voltaire

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