El comediógrafo de Atenas
Aristófanes nació en Atenas hacia el año 446 a. C. y vivió la época crucial de la guerra del Peloponeso, el largo y devastador conflicto entre Atenas y Esparta que marcó el declive del esplendor ateniense. De su vida se sabe poco, pero su obra lo revela como un hombre de vasta cultura, agudo observador de la sociedad de su tiempo y dotado de un ingenio cómico incomparable. Es el gran representante de la «comedia antigua» griega, y prácticamente el único cuyas obras se han conservado completas: de las cuarenta que se le atribuyen, han llegado hasta nosotros once, testimonio precioso de un género y de una época.
La sátira política y social
Las comedias de Aristófanes son ante todo sátiras mordaces de la vida política y social de Atenas. Con una libertad de expresión asombrosa —que la democracia ateniense permitía en el marco de las fiestas dramáticas—, ridiculizó sin piedad a los políticos demagogos, a los generales, a los intelectuales de moda y a las instituciones de su ciudad. Combinó la crítica más audaz con la fantasía más desbordante, la obscenidad y la burla grotesca con la poesía lírica más delicada, y la comicidad más disparatada con una honda preocupación por el destino de Atenas. Su teatro es a la vez entretenimiento popular, arma política y reflexión sobre su tiempo.
«Lisístrata» y la paz
Aristófanes fue un ferviente partidario de la paz, y varias de sus comedias claman contra la guerra que arruinaba a Grecia. La más célebre es Lisístrata, en la que las mujeres de Atenas y Esparta, hartas del conflicto, deciden negarse a mantener relaciones con sus maridos hasta que estos firmen la paz. Con esa idea genial y provocadora, Aristófanes creó una comedia a la vez hilarante y de fondo serio, un alegato antibelicista y una reflexión sobre las mujeres y el poder que sigue representándose y resultando sorprendentemente actual. Los acarnienses y La paz son otras comedias que expresan su anhelo del fin de la guerra.
La crítica de las modas
Aristófanes satirizó también las nuevas corrientes intelectuales y culturales de Atenas. En Las nubes ridiculizó a los sofistas y, entre ellos, al mismísimo Sócrates, presentado como un charlatán que enseña a razonar con trampas —una caricatura injusta que, según algunos, contribuyó al clima que llevaría a la condena del filósofo. En Las ranas, el dios Dioniso desciende al infierno para traer de vuelta a un gran poeta trágico, y organiza un célebre certamen entre Esquilo y Eurípides, en una comedia que es también crítica literaria y reflexión sobre el arte y la función de la poesía.
Fantasía y libertad
La imaginación de Aristófanes no tenía límites: en sus comedias, los personajes vuelan al cielo montados en un escarabajo gigante, fundan una ciudad en las nubes (Las aves), o descienden al mundo de los muertos. Esa fantasía desbordante, unida a la sátira política, la parodia, los juegos verbales y la mezcla de lo sublime y lo grotesco, define un teatro de una libertad y una vitalidad extraordinarias, muy distinto de la solemnidad de la tragedia y expresión del espíritu festivo y crítico de la democracia ateniense.
Legado
Aristófanes murió hacia el año 386 a. C. Sus comedias son una fuente inestimable para el conocimiento de la Atenas del siglo V a. C., de su política, su cultura y su vida cotidiana, y a la vez obras de un genio cómico y poético que no ha perdido su fuerza. Como creador de la comedia satírica y política, su influencia ha sido perdurable, y autores de todas las épocas han admirado su audacia, su ingenio y su libertad. Obras como Lisístrata o Las nubes se siguen representando en todo el mundo. Aristófanes permanece como el padre de la comedia occidental y como una de las voces más libres, divertidas y lúcidas de la Antigüedad, capaz de hacer reír mientras hacía pensar sobre los males de su ciudad y de todos los tiempos.