El poeta del amor
Publio Ovidio Nasón nació en Sulmona, en el centro de Italia, el 20 de marzo del año 43 a. C., en una acomodada familia de rango ecuestre. Destinado por su padre a la carrera política y jurídica, la abandonó pronto por su irresistible vocación poética. Se integró en los círculos literarios de la Roma de Augusto, donde su ingenio, su elegancia y su brillantez lo convirtieron en el poeta de moda, admirado y celebrado. A diferencia de la gravedad de Virgilio o Horacio, Ovidio cultivó una poesía ligera, ingeniosa, sensual y llena de fantasía, centrada en el amor y en los mitos.
La poesía amorosa
Ovidio se consagró primero como poeta del amor. En los Amores cantó con gracia y desenfado sus pasiones; pero fue con el Arte de amar (Ars amatoria) con lo que alcanzó una fama escandalosa: un ingenioso manual, en tono desenfadado y a menudo irónico, sobre cómo conquistar y conservar el amor, que retrataba con desenvoltura la vida galante de la sociedad romana. Su tratamiento libre y sensual del amor chocaba con la política de restauración moral que promovía el emperador Augusto, y contribuiría, junto a razones más oscuras, a su desgracia.
«Las metamorfosis»
Su obra maestra son Las metamorfosis, un vasto poema en quince libros que recopila y recrea centenares de mitos griegos y romanos, unidos por el tema común de la transformación: dioses, héroes y mortales que se convierten en animales, plantas, estrellas o piedras. Desde la creación del mundo hasta la época de Augusto, Ovidio teje un tapiz deslumbrante de historias —Dafne convertida en laurel, Narciso en flor, Ícaro que cae del cielo, Pigmalión y su estatua— narradas con una imaginación, una gracia y una habilidad narrativa inagotables. La obra se convirtió en la gran fuente del conocimiento de la mitología clásica para toda la posteridad.
El destierro
En el año 8, en el apogeo de su fama, Ovidio fue desterrado por orden de Augusto a Tomis, una remota y fría ciudad a orillas del mar Negro, en los confines del Imperio. Las causas exactas de su castigo permanecen envueltas en el misterio: el propio poeta habló de «un poema y un error», aludiendo quizá al escándalo del Arte de amar y a algún asunto que nunca reveló. Lejos de Roma, de su mundo y de su público, pasó el resto de su vida en el exilio, añorando su ciudad y suplicando en vano el perdón.
La poesía del exilio
El destierro dio un giro dramático a su poesía. En las Tristes y las Pónticas, cartas y elegías escritas desde Tomis, Ovidio expresó con conmovedora intensidad su dolor, su soledad, su nostalgia de Roma y su desesperación. Aquellos versos, muy distintos de la ligereza de su juventud, revelan a un hombre quebrado por la pérdida de todo lo que amaba, y constituyen uno de los testimonios más hondos de la literatura sobre la experiencia del exilio.
Legado
Ovidio murió en el destierro de Tomis hacia el año 17, sin haber obtenido nunca el perdón que tanto imploró. Su influencia en la cultura occidental ha sido inmensa: Las metamorfosis fueron, durante siglos, la principal fuente de los mitos clásicos, y alimentaron sin cesar la imaginación de pintores, escultores, músicos y poetas, de la Edad Media al Renacimiento y el Barroco. Shakespeare, Dante, Cervantes y tantos otros bebieron de sus historias. Su ingenio, su sensualidad, su dominio del relato y su imaginación desbordante lo mantienen como uno de los poetas más leídos, amados e influyentes de la Antigüedad, y como una fuente inagotable del arte y la literatura de Occidente.