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La caza del snark

Lewis Carroll

Novela· Sociedad · ⏱ ~27 min de lectura

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Hay libros que nacen de un sueño, otros de una obsesión, y unos pocos —los más extraños y los más queridos— nacen de una sola línea que aparece en la mente sin avisar y sin explicación. Lewis Carroll caminaba por una colina en el verano de 1874 cuando le llegó, de la nada, esta frase: «For the Snark was a Boojum, you see». No sabía qué era un Snark.

Contexto

Contexto histórico y cultural de La caza del snark de Lewis Carroll

Lewis Carroll, seudónimo de Charles Lutwidge Dodgson, escribió La caza del snark (título original: The Hunting of the Snark: An Agony in Eight Fits) y la publicó en 1876, en plena era victoriana británica. Era un período de enorme expansión imperial del Reino Unido, de confianza en el progreso científico y de profundas tensiones filosóficas provocadas por el darwinismo —El origen de las especies de Charles Darwin había aparecido en 1859— y por el positivismo. Dodgson era matemático y lógico en la Universidad de Oxford, concretamente en el Christ Church College, donde impartió clases durante décadas, y esa doble identidad entre la razón académica y la imaginación literaria impregna toda la obra.

El poema nació de manera casi involuntaria: según el propio Carroll, el último verso de la obra —«For the Snark was a Boojum, you see»— se le ocurrió durante un paseo en 1874, antes de que existiera el resto del texto. Esta génesis fragmentaria y misteriosa resulta coherente con el espíritu del nonsense literario que Carroll había cultivado ya en Alicia en el País de las Maravillas (1865) y A través del espejo (1871). El género del nonsense, del que Carroll es figura central junto a Edward Lear —autor de El libro del disparate (1846)—, no era mera literatura infantil, sino una sofisticada subversión de la lógica, el lenguaje y las convenciones sociales victorianas.

La obra se enmarca también en el contexto de las grandes expediciones de exploración que fascinaban a la sociedad victoriana: las expediciones árticas en busca del Paso del Noroeste, los viajes africanos de David Livingstone o las expediciones al Polo Sur generaban una cultura popular de aventura y descubrimiento que Carroll parodia con su tripulación de personajes absurdos —el Bellman, el Baker, el Banker, el Butcher, entre otros— que parten en busca de una criatura indefinible. Las ilustraciones originales de Henry Holiday, publicadas junto al texto por Macmillan and Co. en Londres, reforzaron visualmente ese universo de absurdo solemne.

Biográficamente, Carroll atravesaba en esos años una etapa de madurez creativa pero también de cierta melancolía personal. Sus relaciones con la familia Liddell —que habían inspirado a la protagonista Alicia— se habían enfriado, y su vida en Oxford combinaba la rutina académica con una intensa actividad literaria y fotográfica. Algunos estudiosos, como Martin Gardner en su célebre edición anotada The Annotated Snark (1962), han señalado que el poema puede leerse como una alegoría de la búsqueda existencial, del fracaso y de la angustia ante la nada, aunque Carroll siempre rechazó las interpretaciones alegóricas explícitas.

La recepción inicial fue favorable pero desconcertada: la crítica victoriana no sabía exactamente cómo clasificar la obra, que oscilaba entre el poema épico burlesco, la fábula filosófica y el juego lingüístico puro. Con el tiempo, La caza del snark ganó una dimensión cultural extraordinaria. En el siglo XX influyó en los surrealistas franceses —André Breton y sus contemporáneos admiraban a Carroll—, en el teatro del absurdo de Samuel Beckett y Eugène Ionesco, y en la filosofía del lenguaje de Ludwig Wittgenstein, quien citó a Carroll en sus reflexiones sobre los límites del significado. La palabra «snark» ha pasado al inglés como término para designar algo que se busca obsesivamente sin poder definirlo, y el poema sigue siendo referencia ineludible en los estudios sobre literatura del nonsense, semiótica y filosofía del lenguaje.

Temas y análisis

Temas, motivos y símbolos principales de La caza del snark de Lewis Carroll

Aviso de spoilers: el análisis siguiente revela elementos centrales del desenlace y la estructura narrativa de la obra.

1. El absurdo como sistema: la lógica del sinsentido

La caza del snark (1876) no es simplemente un poema disparatado: Carroll construye un universo con sus propias reglas internas, donde el absurdo funciona con una coherencia perturbadora. La expedición para cazar a una criatura indefinida, guiada por un mapa en blanco, encarna la idea de que los sistemas humanos de conocimiento —la cartografía, la navegación, la taxonomía— pueden ser perfectamente rigurosos y, al mismo tiempo, completamente vacíos. Carroll, matemático y lógico, subvierte la lógica formal desde dentro: las reglas existen, pero no conducen a ningún lugar verificable.

2. La búsqueda sin objeto: el deseo y lo inalcanzable

El Snark es ante todo un símbolo de la búsqueda humana de aquello que no puede definirse ni poseerse. La tripulación —el Bellman, el Panadero, el Banquero, el Castor— persigue algo cuyas características son contradictorias y cambiantes. Este motivo conecta con tradiciones filosóficas que van desde el ideal platónico hasta el concepto romántico de Sehnsucht (anhelo infinito): el objeto del deseo adquiere valor precisamente porque permanece fuera del alcance. La obra anticipa, en clave cómica, las angustias existenciales del siglo XX sobre el sentido y la finalidad.

3. La identidad y su disolución: el nombre como ancla frágil

Uno de los motivos más inquietantes del poema es la pérdida del nombre. El Panadero no recuerda su propio nombre; los personajes son definidos por sus oficios, no por su individualidad. Carroll explora así la fragilidad de la identidad cuando se despoja de sus etiquetas convencionales. El nombre propio, que en la tradición occidental ancla al sujeto en la realidad social y simbólica, aquí se volatiliza, anticipando debates modernos sobre la construcción del yo y la alienación del individuo en la sociedad industrial.

4. El Boojum: la aniquilación y el miedo a la nada

El desenlace —«porque el Snark era un Boojum, ya ves»— es uno de los finales más célebres y perturbadores de la literatura victoriana. El Boojum no mata: hace desaparecer. Esta distinción es crucial: no hay cadáver, no hay rastro, no hay duelo posible. El símbolo apunta al terror ante la aniquilación total del ser, la desaparición sin huella. Algunos críticos han leído en el Boojum una metáfora de la muerte, de la locura, del nihilismo o incluso de la experiencia mística negativa. Carroll nunca aclaró su significado, lo que convierte al Boojum en un símbolo abierto y perpetuamente inquietante.

5. La crítica social victoriana: tipos humanos y vanidad colectiva

La tripulación del Bellman es un microcosmos de la sociedad victoriana: el Banquero, el Abogado, el Corredor de Bolsa, el Agente de Seguros. Carroll satiriza la especialización profesional y la fe ciega en las instituciones. Nadie en la expedición posee el conocimiento necesario para la empresa que acomete; todos confían en la autoridad del Bellman, cuya única habilidad es hacer sonar una campana. La obra funciona así como una fábula sobre la burocracia, la incompetencia organizada y la fe irracional en el liderazgo carismático.

6. El lenguaje como trampa y como juego: portmanteau y significado

Carroll, creador del concepto de portmanteau word (palabra-maleta), convierte el lenguaje mismo en uno de los temas centrales del poema. Las palabras inventadas, las definiciones circulares y las instrucciones que no instruyen ponen en evidencia que el lenguaje no refleja la realidad, sino que la construye —o la oculta—. Este motivo conecta directamente con la filosofía del lenguaje del siglo XX, desde Wittgenstein hasta los estructuralistas: Carroll intuye que las palabras son convenciones arbitrarias capaces de generar mundos enteros o de no significar absolutamente nada, según el acuerdo tácito de quienes las usan.

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