El retrato de Dorian Gray
[The Picture of Dorian Gray]
Oscar Wilde1890 • Novela· Filosofía · ⏱ ~7 h 5 min de lectura
- Portada e introducción
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Prefacio 3 min
<p>Antes de la historia, Wilde despliega su manifiesto estético en una serie de aforismos deslumbrantes: «el artista es el creador de cosas bellas», «no hay libros morales o inmorales; los libros están bien o mal escritos», y la célebre conclusión «todo arte es completamente inútil». El prefacio es la defensa del arte por el arte y la clave con la que Wilde pide que se lea la novela.</p>
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<p>En el estudio del pintor Basil Hallward, lord Henry Wotton admira un retrato de belleza extraordinaria. Basil confiesa que no quiere exponerlo porque ha puesto en él demasiado de sí mismo, y revela el nombre del modelo: Dorian Gray, un joven cuya sola presencia ha renovado su arte. Henry, intrigado, insiste en conocerlo.</p>
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<p>Dorian conoce a lord Henry, cuya conversación —un elogio embriagador de la juventud y la belleza, y una advertencia sobre lo fugaz de ambas— lo transforma para siempre. Ante el retrato recién terminado, angustiado por la idea de envejecer mientras la pintura permanece joven, Dorian formula su deseo fatal: daría el alma por que fuese el cuadro quien envejeciera en su lugar.</p>
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<p>Lord Henry averigua el origen de Dorian —hijo de un amor trágico y prohibido— e, invitado a un almuerzo en casa de su tía Agatha, despliega su ingenio paradójico ante la buena sociedad. Fascinado por el joven, decide convertirlo en su experimento: moldear un alma hermosa según sus propias teorías del nuevo hedonismo.</p>
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<p>Dorian confiesa a Henry que se ha enamorado de Sibyl Vane, una joven y talentosa actriz a la que ve interpretar a las heroínas de Shakespeare en un teatro miserable. Para él, Sibyl no es una mujer, sino todas las heroínas del arte encarnadas a la vez. Henry escucha con curiosidad e ironía, presintiendo el desenlace.</p>
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<p>Conocemos a Sibyl y a su familia: su madre, una actriz venida a menos y calculadora, y su hermano James, un muchacho rudo a punto de embarcarse a Australia que, antes de partir, jura vengarla si el caballero desconocido —«el príncipe azul» que corteja a Sibyl— llega a hacerle algún daño.</p>
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<p>Dorian anuncia a Basil y a Henry su compromiso con Sibyl. Mientras Basil se inquieta por la precipitación, Henry despliega su cinismo brillante sobre el amor y el matrimonio. Los tres acuden esa noche al teatro para ver actuar a la prometida y juzgar por sí mismos su talento.</p>
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<p>Enamorada de verdad, Sibyl actúa por primera vez de forma mediocre: el amor real ha matado en ella el arte de fingir. Humillado ante sus amigos, Dorian la rechaza con crueldad y la abandona. Al volver a casa descubre, horrorizado, que el retrato ha cambiado: un pliegue de crueldad asoma en la boca pintada. El pacto ha comenzado a cumplirse.</p>
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<p>A la mañana siguiente, lord Henry le comunica que Sibyl se ha suicidado esa noche. En lugar de remordimiento, Dorian —guiado por la fría filosofía de Henry, que convierte la tragedia en una experiencia estética— decide ver la muerte de la joven como el desenlace perfecto de un drama. Comprende entonces que será el retrato quien lleve por él la carga de su conciencia.</p>
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<p>Basil acude, consternado por la muerte de Sibyl y por la frialdad de Dorian. Quiere volver a contemplar su obra maestra, pero Dorian, temeroso de que descubra el cambio, se lo impide con firmeza. El pintor confiesa cuánto significó ese retrato para él; Dorian, ya endurecido, resuelve esconderlo para siempre de toda mirada.</p>
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<p>Dorian hace trasladar el retrato, cubierto, al viejo cuarto de estudio de su infancia, y guarda celosamente la llave. Lord Henry le envía un libro —una novela francesa decadente y venenosa— que fascinará a Dorian durante años y le servirá de espejo y de guía en su lento descenso moral.</p>
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<p>Pasan casi dos décadas. Dorian se entrega a una vida de refinamiento y sensualidad: colecciona joyas, perfumes, tejidos, bordados y músicas raras, mientras a su alrededor crecen los rumores de escándalos y de amistades arruinadas. Su rostro permanece intacto y juvenil; el retrato, en cambio, se corrompe año tras año, testigo secreto de cada uno de sus pecados.</p>
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<p>La víspera de su cumpleaños número treinta y ocho, Basil se encuentra con Dorian y, alarmado por los rumores infames que circulan sobre él, le suplica que los desmienta. Le recuerda cuánto lo admiró y le pide, casi como una oración, ver su alma. Dorian, con una sonrisa extraña, decide mostrarle por fin la verdad.</p>
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<p>Dorian conduce a Basil ante el retrato: el pintor contempla, horrorizado, el rostro monstruoso en que se ha convertido su obra. Cuando Basil le implora que rece y se arrepienta, Dorian, dominado por un odio súbito e incontenible, lo apuñala hasta matarlo. El crimen sella definitivamente su condena.</p>
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<p>Frío y metódico, Dorian chantajea a Alan Campbell, un antiguo amigo científico al que un secreto vergonzoso pone en sus manos, para que haga desaparecer el cadáver de Basil con productos químicos. Consumada la destrucción del cuerpo, Dorian sale a cenar en sociedad como si nada hubiera ocurrido.</p>
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<p>Esa misma noche, Dorian acude a una recepción mundana, donde su ingenio brilla como siempre ante lord Henry y la alta sociedad. Pero bajo la máscara de la elegancia lo devora la angustia: el recuerdo del crimen y el miedo a ser descubierto lo persiguen sin tregua.</p>
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<p>Atormentado, Dorian busca olvido en un fumadero de opio de los bajos fondos de Londres. Allí lo reconoce James Vane, el hermano de Sibyl, que ha jurado vengarla; pero Dorian se salva alegando que es demasiado joven para ser el culpable de una muerte ocurrida hace dieciocho años. Su rostro eternamente juvenil vuelve a protegerlo.</p>
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<p>En una fiesta en su casa de campo, entre la conversación frívola de la duquesa de Monmouth y lord Henry, Dorian cree ver el rostro de James Vane espiándolo tras una ventana. El terror lo hace desmayarse: comprende que su perseguidor lo ha encontrado y que ya no está a salvo en ninguna parte.</p>
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<p>Durante una cacería en la finca, un disparo dirigido a una liebre mata por accidente a un hombre oculto en la maleza: es James Vane. Con la muerte de su vengador, Dorian se cree por fin libre de todo peligro, aunque una sombra de inquietud y de presagio empieza a corroerlo por dentro.</p>
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<p>Dorian confiesa a lord Henry su propósito de enmendarse, y le cuenta que ha renunciado a seducir a una muchacha inocente del campo. Pero al examinarse comprende que incluso ese acto «bueno» nació de la vanidad y la curiosidad por una nueva emoción. Corre a mirar el retrato, esperando hallarlo mejorado; solo descubre en él un nuevo signo de hipocresía.</p>
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<p>Convencido de que el retrato es la única prueba de sus crímenes y el espejo insoportable de su conciencia, Dorian decide destruirlo y clava en él el mismo cuchillo con que mató a Basil. Un grito resuena en la casa: los criados hallan el lienzo intacto, con toda su belleza recobrada, y en el suelo el cadáver de un anciano espantoso, marchito y arrugado, al que solo reconocen por sus anillos. Era Dorian Gray.</p>
Contexto
Oscar Wilde (Dublín, 1854 - París, 1900), máximo exponente del esteticismo y del ingenio victoriano, publicó El retrato de Dorian Gray primero como relato en 1890 y, ampliado, como novela en 1891, con el célebre prefacio de aforismos que responde al escándalo que ya había provocado. La crítica de la época la tachó de inmoral y decadente.
Cinco años después, aquellas mismas ideas sobre el placer y la belleza se volvieron contra su autor: los pasajes de la novela se citaron en el juicio que llevó a Wilde a la cárcel por su homosexualidad. La obra quedó así doblemente marcada, como profecía y como confesión de un artista que pagó, en carne propia, el precio de su Dorian.
Temas y análisis
El culto a la belleza y la juventud. Dorian confunde la belleza con la bondad y descubre, demasiado tarde, que la apariencia no absuelve de nada.
El hedonismo y sus facturas. La filosofía de Lord Henry —vivir para el placer, ceder a toda tentación— es brillante en la conversación y ruinosa en la práctica.
Arte y moral. Desde el famoso prefacio, Wilde defiende que el arte no es moral ni inmoral, solo bello; la novela pone a prueba esa idea hasta el límite.
La doble vida. El retrato es el rostro secreto de todos: aquello que hacemos y escondemos, la conciencia que sigue pintando aunque nadie la mire.
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