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El pagano

Jack London

Novela· Aventura · ⏱ ~43 min de lectura

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Hay escritores que parecen haber vivido dos o tres vidas antes de sentarse a escribir la primera página. Jack London fue uno de ellos. Marinero, buscador de oro, vagabundo, periodista de guerra: cuando tomaba la pluma, no inventaba mundos, los recordaba.

Contexto

Jack London y el mundo del Pacífico Sur a comienzos del siglo XX

Jack London (San Francisco, 1876 – Glen Ellen, California, 1916) escribió «El pagano» en el contexto de su fascinación profunda y contradictoria por los mares del Sur. En 1907, London emprendió un ambicioso viaje a bordo de su goleta Snark con destino a las islas del Pacífico, recorriendo Hawái, las Marquesas, Tahití, las Islas Salomón y otras regiones de Melanesia y Polinesia. Esta travesía, que se prolongó hasta 1909, fue la fuente directa de numerosos relatos cortos que London publicó entre 1909 y 1914, entre ellos los reunidos en colecciones como South Sea Tales (1911) y The House of Pride (1912). «El pagano» pertenece precisamente a este ciclo narrativo nacido de la experiencia directa del autor en aquellas latitudes.

El imperialismo, el colonialismo y la mirada occidental sobre el Pacífico

El relato se sitúa en un momento histórico en que las potencias occidentales —Gran Bretaña, Francia, Alemania y Estados Unidos— disputaban el control político y económico de las islas del Pacífico. Tras la Guerra Hispano-Estadounidense de 1898 y la anexión de Hawái ese mismo año, el Pacífico se había convertido en un espacio de intensa presencia imperial norteamericana. En este ambiente, los misioneros protestantes y católicos llevaban décadas intentando «civilizar» a las poblaciones indígenas de la Polinesia y la Melanesia, proceso que London observó con una mezcla de fascinación, crítica y los prejuicios raciales propios de su época. El protagonista de «El pagano», un nativo polinesio llamado Kohahu, encarna precisamente la tensión entre las tradiciones indígenas y la presión cultural occidental, un conflicto que London exploró desde una perspectiva que, aunque simpatizante con el «primitivo», no estaba exenta de paternalismo y de las ideas evolucionistas sociales entonces en boga.

London, el socialismo y la crítica a la civilización occidental

London era, paradójicamente, un socialista declarado —se afilió al Socialist Labor Party en 1896 y publicó ensayos como The People of the Abyss (1903) y War of the Classes (1905)— y al mismo tiempo un hombre imbuido de las teorías de Herbert Spencer y Friedrich Nietzsche sobre la supervivencia del más apto. Esta tensión ideológica impregna sus relatos del Pacífico: London admiraba la vitalidad y la autenticidad que proyectaba sobre los pueblos indígenas, al tiempo que los veía como destinados a sucumbir ante el avance de la modernidad. «El pagano» refleja esta ambigüedad, presentando a su protagonista nativo como un ser libre y auténtico frente a la hipocresía de la sociedad colonial blanca, pero sin escapar del todo al marco conceptual del «buen salvaje» heredado de Jean-Jacques Rousseau y popularizado en la literatura anglosajona del siglo XIX.

El mercado editorial y la narrativa breve estadounidense de principios del siglo XX

London fue uno de los escritores mejor pagados de su tiempo gracias, en gran medida, al floreciente mercado de revistas ilustradas estadounidenses. Publicaciones como The Saturday Evening Post, Cosmopolitan y The Smart Set demandaban relatos cortos de aventuras exóticas que satisficieran el apetito del público lector de clase media por mundos lejanos y desconocidos. En este contexto, los relatos del Pacífico de London competían y dialogaban con los de otros autores anglosajones que habían explorado la misma región, como Robert Louis Stevenson —quien vivió y murió en Samoa en 1894— y W. Somerset Maugham, quien también retrató el mundo colonial del Pacífico en obras como The Moon and Sixpence (1919). London dominó con maestría las convenciones del género de aventuras, dotándolas de una densidad psicológica y social que las distinguía del entretenimiento puro.

Recepción e influencia posteriores

Los relatos del Pacífico de London, incluido «El pagano», fueron bien recibidos por el público lector de su época, aunque la crítica literaria más especializada los consideró durante décadas obras menores frente a novelas como The Call of the Wild (1903) o Martin Eden (1909). A partir de la segunda mitad del siglo XX, con el auge de los estudios poscoloniales impulsados por figuras como Edward Said —cuyo Orientalism apareció en 1978— y Frantz Fanon, estos textos fueron reexaminados como documentos reveladores de las actitudes imperialistas y raciales de la literatura popular anglosajona. Autores y críticos del Pacífico, como el escritor samoano Albert Wendt, han señalado tanto el valor testimonial de la obra de London como sus limitaciones etnocéntricas. Hoy, «El pagano» se lee como un texto bisagra que anticipa la literatura poscolonial del Pacífico al tiempo que ilustra las contradicciones ideológicas de uno de los narradores más influyentes de la literatura estadounidense de entresiglos.

Temas y análisis

Temas, motivos y símbolos principales de El pagano de Jack London

Nota: Este análisis revela aspectos centrales de la trama y el desenlace de la obra. Si aún no la has leído, considera hacerlo antes de continuar.

1. La identidad entre el hombre y el mar

El mar no es un simple escenario en esta obra: es el alma gemela del protagonista, Henry, conocido como «el pagano». London explora cómo ciertos seres humanos no pueden ser comprendidos ni juzgados con los parámetros de la civilización terrestre. El océano Pacífico funciona como símbolo de libertad absoluta, de una existencia regida por leyes naturales anteriores a cualquier moral convencional. Henry navega, siente y piensa como el mar mismo: de manera impredecible, poderosa y ajena a la compasión burguesa.

2. El paganismo como filosofía vital frente a la moral cristiana

El título no es casual. London confronta dos cosmovisiones irreconciliables: la ética pagana —entendida como vitalismo, instinto y comunión con la naturaleza— y la moral cristiana importada por los colonizadores y misioneros en las islas del Pacífico. El protagonista encarna valores premodernos: la lealtad tribal, el coraje físico, el desprecio por la hipocresía. La obra cuestiona qué civilización es realmente más auténtica y cuál más violenta en su imposición.

3. El primitivismo noble y la crítica al colonialismo

London, con la ambigüedad característica de su época, idealiza al «hombre primitivo» como ser más íntegro que el occidental corrompido por el capitalismo y la convención social. A través de Henry, la obra denuncia la destrucción cultural que el colonialismo europeo y estadounidense ejerció sobre los pueblos polinesios. Sin embargo, el texto también refleja las tensiones propias del pensamiento de London: una admiración romántica que no está completamente libre de condescendencia racial, lo que invita al lector moderno a una lectura crítica.

4. La lealtad y el código de honor personal

Uno de los motivos más poderosos de la narración es el honor entendido como compromiso absoluto con la palabra dada y con quienes se ama. Henry no actúa según leyes escritas sino según un código interno inquebrantable. Este motivo conecta con la tradición literaria de London sobre héroes que se definen por su coherencia entre pensamiento y acción, entre promesa y cumplimiento, incluso cuando ello supone un coste personal devastador.

5. La muerte como culminación y no como derrota

En el universo simbólico de London, la muerte violenta o en el mar no es una tragedia sino una consumación. El final del protagonista —si se produce en su elemento natural— funciona como símbolo de integridad: morir como se ha vivido. Este motivo recorre toda la obra de London, desde El llamado de lo salvaje hasta sus relatos del Pacífico, y refleja su propia filosofía nietzscheana sobre la vida intensa frente a la existencia mediocre y prolongada.

6. El Pacífico como espacio de alteridad y mito

Las islas y los mares del Pacífico Sur funcionan en la obra como un cronotopo particular: un espacio-tiempo donde las reglas del mundo moderno se suspenden y emergen verdades más antiguas. London convierte este escenario en un símbolo de lo que la modernidad ha perdido: la conexión con lo elemental, lo sagrado en sentido pagano, lo comunitario frente al individualismo mercantil. El Pacífico es, simultáneamente, paraíso y arena de conflicto entre mundos.

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