El criador de gorilas
Roberto ArltNovela· Sociedad · ⏱ ~3 h 32 min de lectura
- Portada e introducción
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Halid Majid el achicharrado 18 min
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Rahutia la bailarina 17 min
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Los hombres fieras 12 min
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Ejercicio de artillería 14 min
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Acuérdate de Azerbaijan 12 min
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La cadena del ancla 17 min
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Accidentado paseo a Moka 19 min
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Odio desde la otra vida 15 min
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El hombre del turbante verde 13 min
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El cazador de orquídeas 16 min
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Los bandidos de Uad-Djuari 12 min
Contexto
Roberto Arlt y el Buenos Aires de entreguerras
Roberto Arlt nació en Buenos Aires en 1900, hijo de inmigrantes —padre alemán, madre triestina— y creció en los barrios populares de la ciudad, una experiencia que marcaría profundamente su visión del mundo y su estilo literario. En la década de 1930, cuando redactó los cuentos que integrarían El criador de gorilas (publicado en 1941), Argentina atravesaba una etapa de profunda convulsión: la crisis económica de 1929 había sacudido el modelo agroexportador, el golpe militar de 1930 encabezado por José Félix Uriburu había interrumpido la democracia radical, y el país oscilaba entre el autoritarismo, el fraude electoral conocido como la "Década Infame" y el ascenso de ideologías totalitarias que llegaban desde Europa. Arlt trabajaba entonces como cronista en el diario El Mundo, donde publicaba sus célebres "Aguafuertes", columnas que le permitían observar la ciudad y sus márgenes con una mirada irónica y descarnada.
El orientalismo popular y el viaje a Marruecos
El origen directo de El criador de gorilas se encuentra en el viaje que Arlt realizó en 1935 a España y al norte de África, especialmente a Marruecos, como corresponsal de El Mundo. Ese periplo lo puso en contacto con Tetuán, Ceuta, Tánger y el mundo árabe-bereber del Protectorado español, una realidad que lo fascinó y perturbó a partes iguales. El libro reúne cuentos ambientados en ese universo norteafricano, poblado de mercaderes, aventureros, mujeres veladas, espías y figuras marginales. Arlt no pretendía hacer etnografía rigurosa, sino construir una literatura de atmósferas exóticas y tensiones morales, en sintonía con cierto orientalismo popular que circulaba en la cultura de masas latinoamericana de los años treinta, influido por las traducciones de Las mil y una noches y por la literatura de aventuras de autores como Joseph Conrad o Robert Louis Stevenson.
Un escritor entre el naturalismo y la vanguardia
Arlt pertenecía a una generación literaria que en Argentina se debatía entre el grupo de Boedo, comprometido con la literatura social y obrerista, y el grupo de Florida, más cercano a las vanguardias estéticas europeizantes. Sin adscribirse plenamente a ninguno, Arlt tomó del primero la atención a los humillados y el lenguaje coloquial porteño, y del segundo la experimentación y la irreverencia formal. Sus novelas anteriores, El juguete rabioso (1926), Los siete locos (1929) y Los lanzallamas (1931), ya habían consolidado su reputación como voz áspera e inclasificable de las letras rioplatenses. El criador de gorilas representa, dentro de esa trayectoria, una inflexión hacia el cuento breve y el relato de género, alejado del Buenos Aires de los conventillos para explorar un espacio geográfico y simbólico radicalmente distinto.
Recepción contemporánea y lugar en el canon
En el momento de su publicación, en 1941, el libro recibió una atención modesta. Arlt murió apenas un año después, en julio de 1942, víctima de un accidente cerebrovascular, sin haber visto consolidada su figura como clásico. Durante las décadas de 1940 y 1950, su obra fue parcialmente eclipsada por el prestigio de Jorge Luis Borges y la narrativa fantástica del grupo Sur. Sin embargo, a partir de los años sesenta, la crítica latinoamericana —con figuras como Adolfo Prieto, David Viñas y más tarde Ricardo Piglia— reivindicó a Arlt como precursor fundamental de la narrativa urbana y experimental del continente. El criador de gorilas, en particular, fue revalorizado como un experimento en la construcción de alteridad cultural y en el uso del relato popular como vehículo de reflexión moral.
Influencia y legado en la literatura hispanoamericana
La influencia de Arlt en la literatura hispanoamericana posterior es difusa pero profunda. Ricardo Piglia, en sus ensayos recogidos en Crítica y ficción (1986), lo situó como el gran contrapunto de Borges: donde este construía una literatura de la biblioteca y la erudición, Arlt edificaba una literatura del cuerpo, la calle y el fracaso. Escritores como Manuel Puig, Osvaldo Soriano y César Aira reconocieron su deuda con esa tradición arltiana. En el contexto específico de los cuentos norteafricanos, el libro anticipa ciertos procedimientos del realismo sucio y del relato de atmósfera que caracterizarían a narradores latinoamericanos de las décadas de 1970 y 1980. Hoy, El criador de gorilas es leído también desde los estudios poscoloniales como un documento complejo sobre la mirada del intelectual periférico latinoamericano ante el colonialismo europeo en África.
Temas y análisis
Temas, motivos y símbolos en El criador de gorilas de Roberto Arlt
Aviso de spoilers: el análisis que sigue revela situaciones, personajes y desenlaces de los relatos. Se recomienda leer el libro antes de continuar.
El orientalismo como escenario de la fantasía y la otredad
Arlt ambienta estos cuentos en un Marruecos y un mundo árabe que nunca visitó, construidos desde la imaginación y las lecturas populares. Ese Oriente inventado no pretende ser documental: funciona como espacio de proyección donde las pasiones, los crímenes y las obsesiones pueden desplegarse sin las restricciones del Buenos Aires cotidiano. El bazar, el desierto, el harén y la medina son símbolos de un territorio otro, ajeno a la moral burguesa occidental, que el autor utiliza para explorar lo que la civilización supuestamente reprime. Este orientalismo arltiano es deliberadamente artificial y literario, heredero de las novelas de aventuras y del folletín, y esa artificialidad forma parte del juego narrativo.
El dinero, la codicia y la degradación humana
Como en toda la obra de Arlt, el dinero ocupa un lugar central. En estos relatos los personajes —mercaderes, aventureros, estafadores, colonos— son movidos casi exclusivamente por la codicia. El oro, los negocios turbios, los contratos leoninos y las herencias disputadas revelan cómo el afán de riqueza corrompe vínculos familiares, amistades y lealtades. Arlt no moraliza abiertamente: muestra la degradación con una frialdad casi clínica, dejando que los propios mecanismos del deseo destruyan a sus personajes. El dinero funciona aquí como motor narrativo y como símbolo de la miseria espiritual del hombre moderno.
La crueldad, la humillación y el poder
La violencia —física, psicológica, social— atraviesa el libro de punta a punta. Las relaciones entre los personajes se estructuran casi siempre como juegos de dominación: quien tiene poder humilla, quien carece de él aguarda su momento de venganza. La humillación es un motivo recurrente que Arlt ya había explorado en sus novelas porteñas, y aquí reaparece en clave exótica: el amo que degrada al sirviente, el europeo que desprecia al árabe, el hombre que somete a la mujer. Esa crueldad no es gratuita; Arlt la usa para radiografiar estructuras de poder universales disfrazadas de color local.
La venganza como forma de justicia poética
Frente a la humillación, la venganza aparece como respuesta casi inevitable. En varios relatos el arco narrativo conduce a un acto de revancha que reequilibra —de manera tortuosa y a menudo sangrienta— la balanza del poder. Esta justicia poética no es la de los tribunales ni la de la moral convencional: es visceral, excesiva, a veces monstruosa. Arlt parece fascinarle la idea de que el oprimido, cuando finalmente actúa, lo hace con una violencia que supera a la de su opresor, lo cual cuestiona cualquier lectura simplista de víctimas y verdugos.
Lo grotesco, lo absurdo y la ironía narrativa
El título mismo del libro —El criador de gorilas— anticipa el tono: hay en estos cuentos una veta de humor negro y absurdo que convive con la brutalidad. Situaciones inverosímiles, personajes caricaturescos, desenlaces que rozan el disparate: Arlt mezcla el relato de aventuras con el grotesco rioplatense que cultivó en sus aguafuertes. La ironía narrativa es una herramienta constante; el narrador adopta a veces una distancia burlona que desnaturaliza lo exótico y lo vuelve ridículo, subvirtiendo así las expectativas del lector de literatura de aventuras.
La identidad, el disfraz y la impostura
Varios personajes de estos relatos viven bajo identidades falsas, adoptan nombres supuestos, fingen orígenes o profesiones que no son los suyos. El disfraz y la impostura —motivos muy arltinos— remiten a una pregunta más profunda sobre la autenticidad del yo: ¿existe una identidad verdadera bajo las máscaras sociales? En un escenario exótico donde nadie conoce a nadie, la reinvención personal se vuelve más fácil y más peligrosa. Este tema conecta El criador de gorilas con el universo de los inventores fracasados y los farsantes iluminados de Los siete locos, confirmando la coherencia obsesiva de toda la obra arltiana.
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