“Solo tenía un miedo: que algo pudiera interferir con mi gran alegría.” — León Tolstoi de Después del baile
“Cuanto más densamente se aglomeraban los hombres, más terribles eran las nuevas enfermedades que surgían.” — Jack London de La peste escarlata
“Las mujeres que tienen el hábito del trabajo desde pequeñas no podían darse cuenta de lo que era sentirse de repente sola y pobre.” — Carmen de Burgos de La rampa
“Era como contemplar un alma completamente desnuda con todos sus oscuros y vergonzosos secretos al descubierto.” — Robert E. Howard de El estanque del negro 1
“Yo, que jamás había conocido el miedo, me convertí en una masa de nervios que se retorcía y saltaba.” — Robert E. Howard de Almuric
“Las escalofriantes garras del miedo atenazaron realmente el corazón de Conn.” — Robert E. Howard de Conan de Aquilonia
“Gritamos que no teníamos miedo; y otros gritaron conmigo en busca de consuelo.” — H. P. Lovecraft de Nyarlathotep
“Es precisamente a los hombres y mujeres geniales a quienes más pesa lo que dicen de ellos.” — Virginia Woolf de Una habitación propia 7
“Para un ladrón cuya alma está en su profesión, hay un atractivo y un desafío en un hombre muy viejo y muy débil.” — H. P. Lovecraft de El viejo terrible
“No piense que por mi esclavitud a la morfina soy un débil o un degenerado.” — H. P. Lovecraft de Dagon
“Expondré cándidamente ante el público cosas que no revelaría al amigo más íntimo.” — Anne Brontë de Agnes Grey
“Su corazón era como una planta sensitiva que se abre un momento al sol, pero se encoge y repliega sobre sí misma al menor roce de un dedo.” — Anne Brontë de La inquilina de Wildfell Hall 7
“La ballena que sigue a su cría no tiene desconfianza, y es fácil herirla con el arpón.” — Julio Verne de Las historias de Jean Marie Cabidoulin
“Dichosos los que, sin familia, solo tienen que temer por ellos mismos.” — Julio Verne de El conde de chanteleine
“¡Y qué desgracia no saber…, no ser más que unos niños cuando haría falta ser hombres!” — Julio Verne de Dos años de vacaciones
“Si Gibraltar no podía ser tomado por los hombres, estaba a merced de los monos.” — Julio Verne de Gil braltar
“Una mujer abandonada a sí sola, nada es. El valor de las batallas no se alberga en su corazón.” — Esquilo de Las suplicantes
“No hay corazón tan duro que no se encoja en presencia de ciertos recuerdos del pasado.” — Julio Verne de El archipielago en llamas 5
“Él mismo, ¿qué era más que un pájaro abandonado, una pobre gaviota humana?” — Julio Verne de Aventuras de un niño irlandés
“Quedarse ciego es como ser enterrado en vida.” — Leopoldo Alas «Clarín» de El señor y lo demás son cuentos