“Al gobernar las mujeres, solucionaron por el sentimentalismo y el instinto lo que los hombres no habían podido arreglar nunca valiéndose de su razón.” — Vicente Blasco Ibáñez de El paraiso de las mujeres
“Pero yo tengo cierta confianza, porque el corazón justo y fuerte de las mujeres es siempre piadoso con la debilidad y la ignorancia del hombre.” — Vicente Blasco Ibáñez de El paraiso de las mujeres
“Pues era sencillo: que en este mundo puede más el listo y el astuto que el fuerte, que todo lo fía al corazón y á la acometividad.” — Vicente Blasco Ibáñez de Cuentos valencianos
“Y este mal no tenía remedio: siempre existirán pobres y ricos, y el que nace para víctima tiene que resignarse.” — Vicente Blasco Ibáñez de Cuentos valencianos
“Pero, ¡ay! el mundo vive casi siempre regido por intereses y no por verdades.” — Vicente Blasco Ibáñez de El papa del mar
“Créame: nadie espera a nadie; es el azar el que lo arregla todo.” — Vicente Blasco Ibáñez de El papa del mar
“Él era quien había estado próximo á anularse, á desaparecer aplastado en el engranaje lento y monótono de esa vida gris de las almas muertas.” — Vicente Blasco Ibáñez de El intruso
“Usted está acostumbrado á oír quejarse de dolor lo mismo al rico que al pobre, á ver que todos mueren igual; por eso toma á risa las cosas de los hombres.” — Vicente Blasco Ibáñez de El intruso
“Y siempre que podía asegurar una docena de veces que nada debía á nadie y comparar su abandono con el de un perro, quedaba tranquilo y satisfecho.” — Vicente Blasco Ibáñez de Arroz y tartana
“Con mujeres como Rosaura, enamoradas de la vida y poseedoras de un alma pagana, ¿quién puede estar verdaderamente tranquilo?…” — Vicente Blasco Ibáñez de A los pies de Venus
“Además, aquel Cupido era el excéntrico de la ciudad, el bohemio despreocupado y mordaz á quien todo se toleraba; el hombre que se permitía tener cosas y hablar mal de todo el mundo...” — Vicente Blasco Ibáñez de Entre naranjos
“La fuerza, señora del mundo, es la que crea el derecho, la que impondrá nuestra civilización, única verdadera.” — Vicente Blasco Ibáñez de Cuatro jinetes del apocalipsis
“El que hoy era un miserable, mañana podía ser rico: esto lo ordenaba Dios, valiéndose de la suerte.” — Vicente Blasco Ibáñez de Canas y barro 5
“Como las tierras del tío Barret no serían nunca para los hombres, debían anidar en ellas los bicharracos asquerosos, y cuantos más, mejor.” — Vicente Blasco Ibáñez de La barraca
“Ellos debían evitar todo roce con los demás: vivir juntos y unidos en su barraca, no separarse nunca de unas tierras que eran su vida.” — Vicente Blasco Ibáñez de La barraca
“Cuantas chanzas (¡y cuán duras en aquellos analfabetos de rapiña!) se hicieron al manco sobre sus dos ex hombres, lo hallaron siempre de pie.” — Horacio Quiroga de Los destiladores de naranja
“bullente vida tropical no hay a esa hora más que el teatro helado; ni un animal, ni un pájaro, ni un ruido casi.” — Horacio Quiroga de La miel silvestre
“Su entrada en una casa supone la exterminación absoluta de todo ser viviente, pues no hay rincón ni agujero profundo donde no se precipite el río devorador.” — Horacio Quiroga de La miel silvestre
“Vivieron dos años con la angustia a flor de alma, esperando siempre otro desastre.” — Horacio Quiroga de La gallina degollada
“Y el silencio fue tan fúnebre para su corazón siempre aterrado, que la espalda se le heló de horrible presentimiento.” — Horacio Quiroga de La gallina degollada
“No hay otra filosofía en la vida de un hombre y de una abeja.” — Horacio Quiroga de La abeja haragana
“Las abejas de guardia la dejaron pasar sin decirle nada, porque comprendieron que la que volvía no era la paseandera haragana, sino una abeja que había hecho en sólo una noche un d...” — Horacio Quiroga de La abeja haragana
“Nunca vimos en los animales de casa orgullo mayor que el que sintió nuestra gata cuando le dimos a amamantar una tigrecita recién nacida.” — Horacio Quiroga de El tigre
“Esta situación de mártir, de bebé vigilado segundo a segundo contra tal disparatada amenaza de muerte, no es seductora, a pesar de todo.” — Horacio Quiroga de El perro rabioso