“Cae la tarde, y siempre, avanzada la noche, se ven en la orilla lucecitas u hogueras, mientras el viento pasa zumbando, canta el mar, y los ojos de las madres y las hermanas escrut...” — Abraham Valdelomar de La paraca
“Desconfíe usted de las noches de luna, no busque nunca las ciudades viejas, ambas cosas conducen al misterio, a la locura, al crimen, a la fatalidad.” — Abraham Valdelomar de La ciudad muerta
“Ya el poeta no es el hombre que se arrastraba en Grecia sino el símbolo de una música sublime que se eleva sobre el mundo, sobre la Raza y sobre el Tiempo.” — Abraham Valdelomar de La ciudad muerta
“Y la dama, sin lanzar una queja, se arrancó para siempre la luz y entregó sus ojos al Hipocampo de oro, que se los puso en las cuencas ya vacías.” — Abraham Valdelomar de El hipocampo de oro
“Pudiera sufrir diez veces más en este empeño y siempre la felicidad excedería al sufrimiento.” — Abraham Valdelomar de El hipocampo de oro
“El profesor interno era el lugar sin nombre donde quien quería tenía derecho a descargar, a soltar su malhumor, su impaciencia, su deseo de hacer daño, de martirizar, de asesinar.” — Rafael Barrett de El maestro
“Y lo hacía bajo humillaciones perpetuas, obstinadas; los niños de primer grado eran un enjambre de mosquitos en cuyo centro el señor Cuadrado pasaba la vida.” — Rafael Barrett de El maestro
“Cesó enteramente la criminalidad; huidos para siempre parecían el vicio, la codicia y la deshonestidad.” — Santiago Ramón y Cajal de El fabricante de honradez
“La luz lo invadía todo, el cuerpo y el alma, los objetos, las flores, la vida, los sueños, el amor y los deseos...” — Abraham Valdelomar de Los hijos del sol
“La idea de dejar para siempre los lares, entristecía todos los corazones.” — Abraham Valdelomar de Los hijos del sol
“Expresión de dolor inmenso, de impotencia fatal; el hombre ríe porque no puede o no debe llorar, pero lo hace comprender.” — Abraham Valdelomar de La ciudad de los tísicos
“Luces enervantes, obscuridades pavorosas, cuerpos ensangrentados, santos famélicos, cadáveres insepultos; pero todo en silencio, sin ruido, casi sin luz.” — Abraham Valdelomar de La ciudad de los tísicos
“Yo recordaba siempre con tristeza a la pobre niña; la veía entrar al circo, vestida de punto, sonriente, pálida; la veía después caída, escupiendo sangre en el pañuelo, ¿dónde esta...” — Abraham Valdelomar de El vuelo de los cóndores
“Así entró en nuestra casa el amigo íntimo de nuestra infancia ya pasada, a quien acaeciera historia digna de relato; cuya memoria perdura aún en nuestro hogar como una sombra alada...” — Abraham Valdelomar de El caballero Carmelo
“En la Ciencia, como en la vida, el fruto viene siempre después del amor.” — Santiago Ramón y Cajal de Reglas y consejos sobre investigación ci...
“En general, puede afirmarse que no hay cuestiones agotadas, sino hombres agotados en las cuestiones.” — Santiago Ramón y Cajal de Reglas y consejos sobre investigación ci... 3
“Nada, en efecto, para el hombre altivo, que, alimentado con sus propias ideas, vive siempre dentro de sí mismo; pero mucho, muchísimo para quienes saben abrir sus sentidos a los es...” — Santiago Ramón y Cajal de Recuerdos de mi vida
“La educación del corazón, que tanta importancia tiene para la felicidad, no entró nunca en sus miras.” — Santiago Ramón y Cajal de Recuerdos de mi vida
“No habéis amado nunca y esto me coloca en un terreno estrecho y difícil para hablaros de amor.” — Ignacio Manuel Altamirano de Atenea
“Tristes y alegres, gratos y fastidiosos, todos pasan en tropel por el campo de mi fantasía en las horas silenciosas de la noche en que escribo esto.” — Ignacio Manuel Altamirano de Beatriz
“En tales momentos, el hombre es el débil, la mujer es la que tiene la fuerza protectora de su parte.” — Ignacio Manuel Altamirano de Antonia
“Esta palabra resonó lúgubre en mi alma, llena de tinieblas en aquellos momentos en que acababa de ponerse en ella para siempre el sol de la esperanza.” — Ignacio Manuel Altamirano de Cuentos de invierno
“Yo, nacida en la riqueza y educada en medio de las comodidades, estaba dispuesta a renunciar a todo eso; pero nunca a mi libertad y a mi dicha.” — Ignacio Manuel Altamirano de Cuentos de invierno
“Mata el que cree, no por el gusto de matar, sino por la vida y gloria a lo creído.” — Santiago Ramón y Cajal de Cuentos de vacaciones