El reverendo matemático
Charles Lutwidge Dodgson, conocido por su seudónimo Lewis Carroll, nació en Daresbury, Inglaterra, el 27 de enero de 1832, en una numerosa familia de clérigos anglicanos. Fue una personalidad singular y polifacética: matemático y profesor en la Universidad de Oxford, diácono anglicano, pionero de la fotografía y, sobre todo, autor de una de las obras más originales de la literatura universal. De carácter tímido y reservado, agravado por una tartamudez, encontró en la compañía de los niños y en la creación de historias fantásticas una fuente de alegría y de inspiración. Bajo la apariencia del austero profesor de lógica se ocultaba una imaginación desbordante y revolucionaria.
«Alicia en el País de las Maravillas»
Su obra inmortal nació de una tarde de 1862, cuando, durante un paseo en barca, improvisó para entretener a las hijas del decano de su colegio —entre ellas Alice Liddell— la historia de una niña que cae por la madriguera de un conejo a un mundo maravilloso y absurdo. De aquella improvisación surgió Alicia en el País de las Maravillas (1865), y después su continuación, A través del espejo. En ellas, Alicia recorre un universo poblado por personajes inolvidables —el Conejo Blanco siempre apurado, el Sombrerero Loco, el Gato de Cheshire que sonríe y desaparece, la despótica Reina de Corazones, la Oruga, la Falsa Tortuga—, en el que las reglas de la lógica y del sentido común se subvierten con un humor y una imaginación deslumbrantes.
La lógica del absurdo
La genialidad de Carroll fue unir su rigor de matemático y lógico con una fantasía desbordante y un sentido del absurdo únicos. Sus mundos maravillosos no son caóticos, sino que obedecen a una lógica propia, disparatada pero coherente, llena de juegos de palabras, paradojas, acertijos, silogismos y bromas lingüísticas y matemáticas. Ese cruce entre la lógica y el sinsentido, entre la razón y el sueño, da a su obra una profundidad y una riqueza que la hacen fascinante también para los adultos, y que ha atraído el interés de filósofos, lógicos, psicólogos y artistas.
La renovación de la literatura infantil
Con Alicia, Carroll revolucionó la literatura infantil. Frente a los cuentos moralizantes y didácticos de su época, ofreció una obra hecha puramente para el disfrute, el juego y la maravilla, sin lecciones ni sermones, liberando la imaginación y celebrando el absurdo y la fantasía. Su influencia en la literatura para niños fue enorme, y abrió el camino a una nueva concepción del libro infantil como territorio de libertad imaginativa. Escribió además el largo poema disparatado La caza del Snark y otras obras de humor y de fantasía.
Matemático y fotógrafo
Bajo su nombre real, Charles Dodgson, fue un respetado matemático y lógico, autor de tratados y de trabajos sobre lógica, y un aficionado a los juegos, los acertijos y los inventos ingeniosos. Fue también uno de los pioneros de la fotografía en la Inglaterra victoriana, actividad en la que destacó notablemente. Esa doble faceta —el riguroso hombre de ciencia y el genial creador de fantasías— convivió en él a lo largo de toda su vida, y ambas se nutren mutuamente en la peculiar lógica de sus obras literarias.
Legado
Lewis Carroll murió en Guildford, Inglaterra, el 14 de enero de 1898. Alicia en el País de las Maravillas se ha convertido en uno de los libros más leídos, traducidos, citados y adaptados de la historia, un clásico universal que ha inspirado incontables versiones en el cine, el teatro, el arte y la cultura popular. Sus personajes y sus escenas forman parte del imaginario colectivo de la humanidad, y sus frases y sus juegos lógicos siguen fascinando a niños y adultos. Carroll permanece como el genio que unió la lógica y el absurdo, la razón y el sueño, y que regaló a la humanidad un mundo maravilloso e inagotable. Su Alicia, la niña curiosa que se atreve a caer por la madriguera hacia lo desconocido, sigue guiando a los lectores por uno de los viajes más asombrosos y libres de toda la literatura.