Introducción
Es de noche. Varka, una niñera de apenas trece años, mece la cuna de un bebé que llora sin parar y le canturrea una nana mientras lucha contra un sueño devastador. Lleva el día entero trabajando —encendiendo estufas, fregando escaleras, mondando patatas, corriendo a los recados— y los amos le prohíben dormir. Chéjov teje con maestría el duermevela de la muchacha: la realidad de la habitación, con su lamparilla verde y sus sombras, se funde con ensueños y con el recuerdo de la muerte de su padre, atendido demasiado tarde por un médico.
El relato es un descenso hipnótico hacia el agotamiento absoluto. La privación de sueño deforma la percepción de Varka: los objetos crecen, las sombras palpitan, los recuerdos y las órdenes de los amos se entremezclan. «Hay momentos en que le acomete a la pobre muchacha una violenta tentación de tenderse en el suelo y dormir, dormir, dormir…». Y en ese cerebro exhausto, medio dormido, brota al fin una idea de terrible sencillez: hay un «enemigo» que le impide vivir y dormir.
El enemigo es el niño. Con la lógica implacable de la pesadilla, Varka se ríe al descubrirlo, se acerca a la cuna y estrangula al bebé; y luego, liberada al fin, se tiende en el suelo y se duerme «dichosa», con un sueño profundo. «Ganas de dormir» (título con el que también se conoce este relato, a veces publicado como «Un asesinato») es una de las cumbres del cuento de Chéjov: un alegato silencioso y escalofriante contra la explotación infantil y una exploración sobrecogedora de la mente destruida por el sufrimiento.