Introducción
Una de las obras más ricas de la literatura pseudoepigráfica judía, una colección de las últimas palabras y enseñanzas morales que, según la tradición, los doce hijos de Jacob dejaron a sus descendientes antes de morir. El «Testamento de los doce patriarcas» reúne, siguiendo el modelo de las bendiciones de Jacob, doce discursos en los que cada patriarca, al final de su vida, repasa su propia historia y extrae de ella lecciones de sabiduría y virtud para sus hijos.
Esta obra, atribuida a los doce hijos de Jacob (Rubén, Simeón, Leví, Judá, etc., los epónimos de las doce tribus de Israel), sigue un esquema fijo y de gran belleza: cada patriarca, sintiendo cercana la muerte, reúne a sus hijos y les dirige un «testamento». En él suele recordar los episodios de su propia vida —a menudo ampliando los relatos del Génesis con detalles legendarios—, confiesa sus faltas o ensalza sus virtudes, y a partir de esa experiencia personal exhorta a sus descendientes a practicar una virtud concreta o a evitar un vicio determinado: José enseña la castidad y el perdón, Judá advierte contra los peligros del vino y la codicia, Isacar elogia la sencillez, Gad combate el odio, y así sucesivamente. La obra combina así la narración, la exhortación moral y, en muchos pasajes, la profecía sobre el futuro de las tribus y la venida de la salvación. Con su profundidad ética y su rica imaginación, el Testamento de los doce patriarcas es un tesoro de la sabiduría moral del judaísmo antiguo, que influyó también en el cristianismo primitivo.
Gran obra de sabiduría moral del judaísmo antiguo, el «Testamento de los doce patriarcas» es una lectura sabia y edificante. Las últimas enseñanzas de los hijos de Jacob, de dominio público.