Introducción
Uno de los diálogos más profundos y técnicos de la madurez de Platón, una obra capital para la historia de la lógica y la metafísica. En él, un misterioso «Extranjero de Elea», discípulo de Parménides, dialoga con el joven matemático Teetetes ante Sócrates, con un doble objetivo: definir con rigor qué es un sofista y, para lograrlo, resolver el problema más difícil de la filosofía griega, el del ser y el no-ser.
Mediante el «método de la división», el Extranjero persigue al sofista a través de sucesivas definiciones —cazador de jóvenes ricos, mercader de saberes, disputador— hasta acorralarlo en su esencia: el sofista es un fabricante de apariencias, «el que tiene apariencia de ciencia y no una ciencia verdadera», un imitador que produce ilusiones. «¿Conoces burla que exija más arte y produzca más placer que la imitación?».
Pero para poder afirmar que el sofista engaña —que dice «lo que no es»— Platón debe atreverse a lo que Parménides prohibía: pensar el no-ser. En un giro audaz, el diálogo demuestra que el no-ser existe como «lo diferente», y que ser y no-ser, movimiento y reposo, se entrelazan. Con esta indagación sobre el error, la falsedad y las categorías del ser, el «Sofista» es una de las cimas del pensamiento occidental.