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Acerca del libro

Portada de Madame Bovary

Gustave Flaubert

Madame Bovary

Emma Rouault, una joven campesina educada en un convento y alimentada de novelas románticas, sueña con una vida de pasión, lujo y grandes emociones. Cuando se casa con Charles Bovary, un médico rural bondadoso pero mediocre y sin brillo, la realidad gris del matrimonio de provincias se estrella contra sus fantasías. Devorada por el aburrimiento y por una sed de absoluto que nada logra saciar, Emma busca en el adulterio, primero con un seductor terrateniente y después con un joven pasante, la vida ardiente que había imaginado. Pero cada amante la decepciona, las deudas se acumulan y su huida hacia adelante la conduce, paso a paso, hacia la catástrofe. Madame Bovary, la obra maestra de Gustave Flaubert y una de las novelas fundadoras de la modernidad literaria, es el retrato implacable y compasivo a la vez de una mujer que se destruye persiguiendo un ideal imposible, y una radiografía demoledora del tedio, la hipocresía y la estrechez de la vida burguesa. Su perfección de estilo y su lucidez psicológica la convirtieron en un antes y un después en la historia de la novela.
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Portada de Madame Bovary
Madame Bovary
Gustave Flaubert

Introducción

Hay una enfermedad del alma que consiste en desear siempre otra vida distinta de la que se tiene, en creer que la felicidad está en otra parte —en otro lugar, con otra persona, bajo otra luz— y en consumirse persiguiéndola. Flaubert le puso nombre a esa dolencia y la encarnó para siempre en una mujer: Emma Bovary. Y con ella escribió una de las novelas más perfectas y perturbadoras jamás compuestas, un libro que cambió la historia de la literatura.

Emma es una joven campesina que ha crecido leyendo novelas románticas en un convento, y esas lecturas le han llenado la cabeza de un mundo de pasiones arrebatadas, castillos, amantes apuestos y sentimientos sublimes. Cuando se casa con Charles Bovary, un médico rural honrado, torpe y profundamente mediocre, cree por un momento haber alcanzado ese mundo. Pero la realidad no tarda en desengañarla: la vida conyugal es plana, el pueblo es aburrido, su marido no entiende nada de las cosas que ella anhela. Y en el corazón de Emma empieza a crecer un tedio inmenso, una insatisfacción que se convertirá en el motor de su tragedia.

Para llenar ese vacío, Emma se lanza a buscar la vida intensa que había soñado. Se entrega al lujo, a los vestidos, a las deudas; y sobre todo al amor, en dos aventuras adúlteras: primero con Rodolphe, un terrateniente seductor y cínico que juega con ella, y después con Léon, un joven sentimental. Pero ningún amante está a la altura de sus fantasías; cada pasión, al realizarse, se revela tan gris como el matrimonio del que huía. Emma descubre, una y otra vez, que el ideal soñado no existe en ninguna parte, y su desesperación —junto con las deudas que la arruinan— la empuja hacia un final terrible.

Lo revolucionario de Flaubert no fue solo la historia, sino cómo la contó. Cuando la novela apareció, en 1857, fue llevada a juicio por «ultraje a la moral pública»: se escandalizaba de que retratara el adulterio sin condenarlo explícitamente. Porque Flaubert no juzga a Emma desde un púlpito: la mira con una mezcla única de ironía fría y compasión, mostrándonos por dentro sus ilusiones y sus miserias, sin sermones. «Madame Bovary soy yo», dijo célebremente el autor, reconociéndose en esa sed de absoluto que a todos, de un modo u otro, nos habita.

Y luego está el estilo. Flaubert perseguía «la palabra justa», y trabajaba sus frases durante días hasta lograr una prosa de una precisión y una belleza sin precedentes. Cada detalle —un paisaje, un objeto, un gesto— está cargado de sentido. Con él, la novela dejó de ser mero entretenimiento para convertirse en un arte consciente de sí mismo, y por eso se le considera el padre de la novela moderna, el maestro del que aprenderían todos los que vinieron después.

Leer Madame Bovary es asomarse a un espejo incómodo. En la insatisfacción de Emma, en su hambre de una vida más grande, en su incapacidad de contentarse con lo que tiene, reconocemos algo profundamente humano y actual. Por eso, más de siglo y medio después, esta historia de una mujer de provincias que soñó demasiado sigue conmoviéndonos como el primer día.

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Cada gran obra esconde gemas del pensamiento

Hay frases que atraviesan los siglos, revelan verdades profundas y muchas veces cambian vidas. Viven escondidas en las obras que han marcado la historia de la humanidad. Leer es minarlas: cuando encuentres una que de verdad lo sea, márcala; si es una gema, se publicará con tu nombre en la página del autor y del libro. También descubrirás las gemas que ha hallado la comunidad.

No toda frase es una gema: una gema se sostiene sola, dice algo profundo y resuena en cualquiera.

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