Introducción
Uno de los relatos más delicados, conmovedores y sutilmente cómicos de Katherine Mansfield, una obra maestra sobre dos vidas encogidas por el miedo y la costumbre. Josephine y Constantia, dos hermanas solteras ya maduras, acaban de enterrar a su padre, el tiránico coronel Pinner, que las dominó y anuló durante toda su existencia. En la semana que sigue al funeral —«una de las más atareadas de su vida»—, las dos mujeres, torpes e indecisas, se enfrentan a las pequeñas tareas domésticas que la muerte deja tras de sí.
Con un humor tiernísimo y una piedad infinita, Mansfield retrata la parálisis de estas dos hermanas incapaces de tomar la menor decisión: qué hacer con el reloj, con la ropa del muerto, con la doncella, si atreverse a entrar en la habitación del padre, cuyo fantasmal poder sigue oprimiéndolas incluso desde la tumba —«¡la cabeza de padre!»—. Su timidez es tan extrema que temen hasta al ratón que oyen por las noches.
Bajo la superficie levemente humorística late una tragedia silenciosa: la de dos existencias sacrificadas, dos mujeres que nunca vivieron su propia vida y que, al quedar por fin libres, descubren que ya no saben qué hacer con esa libertad —«tengo la sensación de que deberíamos haberlo intentado, al menos durante un tiempo»—. Con una compasión y una finura psicológica insuperables, «Las hijas del difunto coronel» es una de las cimas del cuento moderno.