Introducción
Un vivo y accesible diálogo socrático de Platón dedicado a una de las virtudes más admiradas por los griegos: el valor o la valentía (andreia). Dos padres atenienses, preocupados por la educación de sus hijos, piden consejo a dos ilustres generales, Laques y Nicias, sobre si conviene que los jóvenes aprendan el arte de las armas. La conversación deriva pronto, de la mano de Sócrates, hacia una pregunta más honda: ¿qué es, en realidad, el valor?
Sócrates señala que educar a los jóvenes es, en el fondo, ocuparse de su alma —«la cuestión recae sobre su alma misma»— y que para ello hay que saber qué es la virtud que se les quiere enseñar. Comienza así la búsqueda de una definición del valor. Laques, el general de acción, propone que es una cierta firmeza del alma; Nicias, más intelectual, que es «la ciencia de lo temible y lo no temible». Pero ninguna definición resiste el examen: «creemos que las cosas temibles son las que inspiran miedo», y sin embargo el valor no puede reducirse ni a la mera audacia ni a un simple saber.
Como otros diálogos tempranos, el «Laques» concluye sin una respuesta definitiva, con la humilde constatación de que, para enseñar la virtud, primero hay que seguir buscándola: «es preciso estar siempre aprendiendo; no creas que la sabiduría nos viene con la edad». Es una obra luminosa sobre el valor, la educación y la sabiduría como tarea de toda la vida.