Introducción
Uno de los cuentos más sombríos y filosóficos de los hermanos Grimm. Un hombre paupérrimo, agobiado por doce hijos, sale a la carretera al nacer el decimotercero, decidido a hacer padrino al primero que pase. Pasa Dios, pero el hombre lo rechaza porque «da mucho a los ricos y deja que los pobres pasen hambre»; pasa el diablo, y también lo rechaza por engañador. Al fin llega la Muerte, flaca y en los huesos, y él la acepta con una razón sorprendente: «Me convienes; tú te llevas a los ricos igual que a los pobres, sin hacer diferencias».
La Muerte cumple su regalo de madrina: convierte al muchacho en un médico famoso. Le da una hierba milagrosa y una regla infalible: si al visitar a un enfermo ve a la Muerte a la cabecera, el enfermo sanará; si la ve a los pies, morirá irremediablemente, y no debe intentar curarlo. Con ese don, el joven se hace rico y célebre en todo el mundo.
Pero cuando el rey y luego la princesa caen enfermos con la Muerte a los pies, el médico, tentado por la gloria y el amor, la engaña dando la vuelta al lecho. La Muerte lo perdona la primera vez, pero a la segunda lo arrastra a su caverna subterránea, donde arden miles de velas: las vidas de los hombres. Le muestra la suya, un cabito casi consumido, y —vengativa— la deja apagarse. «La muerte madrina» es una parábola estremecedora sobre la igualdad de todos ante la muerte, el destino y la vanidad de querer burlarlo.