Editar capítulo

Texto plano · una línea en blanco separa párrafos · «## » = subtítulo

caracteres
Cronómetro:

Lectura rápida

Premium
Velocidad ppm

Demo hasta ppm · Premium llega a ppm.

Palabras por ráfaga

Más de 1 palabra por ráfaga es premium.

Entrenar fijaciones
Intensidad
ppm
Introducción

Tipografía y lectura

Tamaño
Fondo
Ancho
Justificado
Guiones (partición)
Ortografía moderna (fué→fue)
Fuente

Voz

Tu navegador no tiene voces instaladas para la lectura.

¿Las voces suenan robóticas? Cómo instalar voces más naturales →

Acerca del libro

Portada de La Divina Comedia

Dante Alighieri

La Divina Comedia

En la mitad del camino de la vida, extraviado en una selva oscura, Dante emprende un viaje sobrecogedor por los tres reinos del más allá: desciende a los círculos del Infierno guiado por el poeta Virgilio, sube penando por la montaña del Purgatorio y, de la mano de su amada Beatriz, se eleva por los cielos del Paraíso hasta el instante en que contempla a Dios. Compuesta a principios del siglo XIV en tercetos encadenados, la Divina Comedia es la cumbre de la literatura medieval y una de las obras más influyentes de todos los tiempos: a la vez enciclopedia moral, autobiografía espiritual y aventura asombrosa por el destino último del alma humana.
Ver ficha completa

Reportar un error

¿Qué problema encontraste en este libro?

Para leer o escuchar la obra completa, adquiérela y consérvala para siempre, o hazte Premium.

Regístrate para conseguir este libro con tu 1.er crédito, o hazte Premium.

👑 Premium · acceso ilimitado
Portada de La Divina Comedia
La Divina Comedia
Dante Alighieri

Introducción

«A mitad del camino de nuestra vida me encontré en una selva oscura, porque había perdido el recto sendero.» Con ese verso —quizá el más famoso de la literatura occidental— arranca un poema que no se parece a ningún otro. Un hombre de treinta y cinco años, perdido y asustado, se descubre a las puertas de un viaje que ningún vivo había hecho antes: bajar hasta el fondo del Infierno, escalar el Purgatorio y remontar los cielos del Paraíso. Ese hombre se llama Dante, y va a llevarnos con él.

Conviene decirlo de entrada para perder el miedo: la Divina Comedia no es un tratado polvoriento, sino una aventura. Se lee como se sigue a un viajero por un país extraordinario, encontrando a cada paso rostros que hablan, sufren, recuerdan y se explican. Dante tuvo la idea genial de poblar el más allá con personas reales —papas y emperadores, poetas y amantes, enemigos suyos y héroes antiguos— y de dejar que cada uno cuente, en primera persona, cómo llegó hasta allí. El resultado es un desfile inolvidable de humanidad.

En el Infierno lo guía Virgilio, el gran poeta latino, símbolo de la razón que puede describir el mal pero no salvarnos de él. Descienden juntos por nueve círculos en embudo, donde cada pecado recibe un castigo que es su espejo exacto: los lujuriosos, arrastrados eternamente por un vendaval como los arrastró la pasión; los violentos, hundidos en un río de sangre hirviente. Es la célebre ley del contrapaso, y de ella nacen escenas que dos siglos de arte no han dejado de pintar, como el trágico amor de Paolo y Francesca.

Pero sería un error quedarse en el Infierno, como a veces ocurre. Porque la Comedia es, ante todo, un ascenso. En el Purgatorio el aire se aclara: las almas ya no se desesperan, sino que esperan; sufren con esperanza, purificándose peldaño a peldaño hacia la luz. Y en el Paraíso toma el relevo Beatriz, la mujer que Dante amó en vida y a la que convirtió en guía celeste: bajo su mirada, el poeta sube de cielo en cielo hasta rozar lo indecible.

Detrás del viaje late una vida real y dolida. Dante escribió su obra en el destierro, expulsado de su Florencia natal por las luchas políticas, condenado a «saber cuán amargo sabe el pan ajeno». Esa herida recorre el poema: hay ajustes de cuentas, nostalgia de la patria perdida y una sed de justicia que ordena todo el universo del más allá. La Comedia es también la venganza serena de un desterrado que reparte el cielo y el infierno a su manera.

Y está la lengua. Dante hizo algo revolucionario: en lugar del latín de los sabios, escribió en el italiano del pueblo, y con ello no solo fundó una literatura, sino casi un idioma. Sus tercetos encadenados avanzan con una música que empuja a seguir leyendo, verso tras verso, como si el poema tuviera prisa por llegar a la luz.

No hace falta creer en su teología ni conocer la Florencia del siglo XIV para dejarse arrastrar. Basta aceptar la invitación: acompañar a un hombre perdido que, cruzando la noche más honda, aprende de nuevo a mirar las estrellas. Porque las tres partes del poema terminan con esa misma palabra, «estrellas», y hacia ellas nos lleva, sin prisa y sin pausa, este viaje que sigue asombrando setecientos años después.

Toca un párrafo

Cada gran obra esconde gemas del pensamiento

Hay frases que atraviesan los siglos, revelan verdades profundas y muchas veces cambian vidas. Viven escondidas en las obras que han marcado la historia de la humanidad. Leer es minarlas: cuando encuentres una que de verdad lo sea, márcala; si es una gema, se publicará con tu nombre en la página del autor y del libro. También descubrirás las gemas que ha hallado la comunidad.

No toda frase es una gema: una gema se sostiene sola, dice algo profundo y resuena en cualquiera.

Guardar en colección

Aún no tienes colecciones. Crea la primera abajo.