Introducción
Una de las obras cumbre del pensamiento cristiano y de toda la filosofía de Occidente, la monumental síntesis de la historia, la política y la fe escrita por san Agustín de Hipona, uno de los mayores genios de la humanidad. «La ciudad de Dios» (De civitate Dei, siglos IV-V) es un vasto y grandioso tratado que, escrito tras el saqueo de Roma por los bárbaros en el año 410, se propone defender el cristianismo y ofrecer una interpretación completa del sentido de la historia humana.
Frente a quienes acusaban al cristianismo de haber causado la caída de Roma, san Agustín responde con una obra de una ambición inmensa. Contrapone dos «ciudades» que se entrelazan a lo largo de toda la historia: la «ciudad terrena», fundada en el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios, y la «ciudad de Dios», fundada en el amor de Dios hasta el desprecio de uno mismo. En sus veintidós libros, Agustín repasa la historia de Roma y de los pueblos, critica los dioses paganos, expone la creación, la caída, la redención y el destino último del hombre, y reflexiona sobre el tiempo, la paz, la justicia, la guerra y la salvación, en una obra que fundó la filosofía cristiana de la historia.
Obra de una hondura y una influencia incalculables —marcó todo el pensamiento medieval y sigue estudiándose hoy—, «La ciudad de Dios» es un monumento del intelecto y de la fe. Una lectura exigente pero grandiosa sobre Dios, el hombre, la historia y el destino eterno.