Introducción
La versión clásica de uno de los cuentos de hadas más célebres del mundo, tal como lo fijó Charles Perrault. Un rey y una reina, largo tiempo sin hijos, ven al fin cumplido su deseo con el nacimiento de una princesa. Al bautizo invitan a siete hadas como madrinas, pero olvidan a una hada vieja que, ofendida, lanza su don terrible: la princesa se herirá la mano con un huso y morirá. La séptima hada, que no había concedido aún el suyo, no puede deshacer el maleficio, pero lo suaviza: no morirá, sino que caerá en «un tan profundo sueño que durará cien años», del que la despertará el hijo de un rey.
Pese a que el monarca prohíbe los husos en todo el reino, el destino se cumple: siendo joven, la princesa halla en una torre a una anciana que hila, se pincha y cae dormida. La buena hada duerme con ella a todo el palacio y hace crecer un bosque de espinos que lo aísla del mundo. Pasados cien años, un príncipe, guiado por una vieja leyenda, atraviesa la maleza que se abre a su paso, encuentra a la bella durmiente y la despierta.
La historia no acaba en la boda: en la segunda parte, característica de Perrault, el príncipe, ya rey, parte a la guerra y deja a su esposa e hijos a merced de su madre, una ogresa que ansía devorarlos. El fiel mayordomo los salva engañando a la ogresa con animales; y cuando esta descubre la treta, se arroja ella misma a un tonel lleno de reptiles venenosos. El cuento se cierra con una moraleja en verso sobre la virtud de la paciencia y el buen momento para casarse: «más vale esperar un año y traer la dicha a casa». «La bella durmiente» es una joya imperecedera del cuento maravilloso.