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Acerca del libro

Portada de Fausto

Johann Wolfgang von Goethe

Fausto

El doctor Fausto lo ha estudiado todo —filosofía, derecho, medicina, teología— y, al final de su vida, se siente vacío: ni el saber ni la razón le han revelado el sentido último de las cosas ni le han dado la felicidad. Al borde de la desesperación aparece Mefistófeles, el diablo, que le propone un pacto vertiginoso: le servirá en la tierra, le dará el conocimiento, el placer y la experiencia que anhela; y si alguna vez Fausto, colmado, le pide a un instante que se detenga por su belleza, su alma será para siempre del demonio. Comienza así un viaje deslumbrante por el amor, el poder, la magia y el pecado, cuyo episodio más célebre y desgarrador es el trágico amor de Fausto por la joven e inocente Margarita. Fausto, la obra maestra de Goethe en la que trabajó casi toda su vida, es una de las cumbres de la literatura universal: un poema dramático inmenso y profundo sobre la sed insaciable de conocimiento y experiencia del ser humano, sobre el bien y el mal, la culpa y la redención, que ha convertido a su protagonista en uno de los grandes mitos modernos.
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Portada de Fausto
Fausto
Johann Wolfgang von Goethe

Introducción

¿Qué estaríamos dispuestos a entregar a cambio de saberlo todo, de vivirlo todo, de exprimir la existencia hasta la última gota? Esa es la pregunta que late en el corazón de Fausto, la obra a la que Goethe dedicó casi sesenta años de su vida y que se cuenta entre las mayores creaciones del espíritu humano. En ella, un viejo sabio hace un pacto con el diablo, y de ese pacto nace uno de los grandes mitos de la cultura moderna.

Cuando conocemos a Fausto, es un hombre desesperado. Ha consagrado su vida al estudio: domina la filosofía, el derecho, la medicina y la teología, y sin embargo se siente más ignorante y más vacío que nunca. El conocimiento no le ha dado la verdad, ni la razón le ha dado la felicidad; solo le ha dejado la certeza amarga de lo poco que se puede saber. Al borde del suicidio, tentado por toda clase de magias, se le aparece Mefistófeles: el espíritu que niega, el diablo irónico y seductor que le ofrece una salida.

El trato es escalofriante. Mefistófeles se pondrá a su servicio en este mundo, le dará todo lo que la vida puede ofrecer —juventud, placer, saber, experiencia, poder—; a cambio, si algún día Fausto, plenamente satisfecho, le pide a un instante que se detenga porque es demasiado bello, entonces habrá perdido la apuesta y su alma pertenecerá para siempre al infierno. Fausto acepta, convencido de que su sed nunca se saciará, de que jamás dejará de anhelar y de buscar.

Lo que sigue es un viaje prodigioso. Rejuvenecido por la magia, Fausto se lanza a vivir, y en la primera parte de la obra vive sobre todo el amor: se enamora de Margarita (Gretchen), una muchacha sencilla, pura y confiada. Ese amor, hermoso al principio, se convierte en tragedia: la seducción arrastra a Margarita a la deshonra, la locura y la muerte, en uno de los episodios más conmovedores de toda la literatura. En la segunda parte, mucho más vasta y simbólica, Fausto atraviesa la historia, el mito y la política, hasta un desenlace en el que se juega su salvación.

Pero Fausto es mucho más que la historia de un pacto. Es una meditación grandiosa sobre la condición humana: sobre nuestra sed insaciable de conocer y de experimentar, sobre el precio de esa ambición, sobre el bien y el mal —encarnados en un diablo que, paradójicamente, acaba sirviendo a un plan más alto—, sobre la culpa, el amor y la posibilidad de redención. Fausto somos, en el fondo, todos los que no nos contentamos nunca, los que siempre queremos ir más allá.

Escrita en un verso de inagotable riqueza, que va de lo más popular a lo más sublime, la obra desborda los límites del teatro: es un poema dramático para ser leído, soñado y meditado. Goethe volcó en ella toda su sabiduría y toda su vida, y el resultado es una de esas obras totales que cada época y cada lector interpretan de nuevo. Acercarse a Fausto es asomarse a las preguntas más hondas del ser humano de la mano de uno de los mayores genios que ha dado la literatura.

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Cada gran obra esconde gemas del pensamiento

Hay frases que atraviesan los siglos, revelan verdades profundas y muchas veces cambian vidas. Viven escondidas en las obras que han marcado la historia de la humanidad. Leer es minarlas: cuando encuentres una que de verdad lo sea, márcala; si es una gema, se publicará con tu nombre en la página del autor y del libro. También descubrirás las gemas que ha hallado la comunidad.

No toda frase es una gema: una gema se sostiene sola, dice algo profundo y resuena en cualquiera.

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