Editar capítulo

Texto plano · una línea en blanco separa párrafos · «## » = subtítulo

caracteres
Cronómetro:

Lectura rápida

Premium
Velocidad ppm

Demo hasta ppm · Premium llega a ppm.

Palabras por ráfaga

Más de 1 palabra por ráfaga es premium.

Entrenar fijaciones
Intensidad
ppm
Introducción

Tipografía y lectura

Tamaño
Fondo
Ancho
Justificado
Guiones (partición)
Ortografía moderna (fué→fue)
Fuente

Voz

Tu navegador no tiene voces instaladas para la lectura.

¿Las voces suenan robóticas? Cómo instalar voces más naturales →

Acerca del libro

Portada de El

H. P. Lovecraft

El

Hay ciudades que se dejan visitar y ciudades que te atrapan. Nueva York, para H. P.
Ver ficha completa

Reportar un error

¿Qué problema encontraste en este libro?

Para leer o escuchar la obra completa, adquiérela y consérvala para siempre, o hazte Premium.

Regístrate para conseguir este libro con tu 1.er crédito, o hazte Premium.

👑 Premium · acceso ilimitado
Portada de El
El
H. P. Lovecraft

Introducción

Hay ciudades que se dejan visitar y ciudades que te atrapan. Nueva York, para H. P. Lovecraft, fue siempre las dos cosas a la vez: la fascinó y lo repelió, lo sedujo con sus capas de historia enterradas bajo el asfalto y lo asfixió con su bullicio moderno, su babel de lenguas, su indiferencia hacia el pasado. De esa tensión íntima —el amor y el horror mezclados en proporciones iguales— nació este relato breve y perturbador que el autor escribió en 1925, mientras vivía en Brooklyn y se sentía, según sus propias palabras, profundamente extranjero en la ciudad más habitada del mundo.

El es, en apariencia, la historia de un poeta que llega a Manhattan atraído por sus sueños de grandeza y termina perdiéndose por las calles antiguas de la ciudad. Pero decir eso es como decir que una tormenta es agua que cae del cielo. Lo que Lovecraft construye aquí es algo más extraño y más hondo: una meditación sobre el tiempo como trampa, sobre los lugares que guardan memorias que no deberían guardarse, sobre lo que ocurre cuando el pasado no ha terminado de morir y sigue reclamando a los vivos.

El encuentro central del relato —un hombre misterioso que parece pertenecer a otro siglo, que conoce la ciudad con una familiaridad imposible— tiene esa cualidad característica de Lovecraft de hacer que lo sobrenatural no irrumpa desde fuera sino que emerja desde dentro, como si siempre hubiera estado ahí, esperando que alguien hiciera la pregunta equivocada. No hay monstruos que lleguen del espacio exterior. El horror, esta vez, tiene dirección postal.

Lo que distingue a este cuento dentro de la obra de Lovecraft es su raíz autobiográfica casi confesional. El narrador sin nombre que busca belleza antigua en los rincones olvidados de la ciudad es, sin demasiado disimulo, el propio autor: alguien que mira el presente con desconfianza y encuentra consuelo únicamente en lo que ya fue. Esa melancolía no es decorativa; es estructural. Impregna cada descripción, cada callejuela que el protagonista recorre, y convierte el relato en algo que va más allá del género: es casi un autorretrato disfrazado de pesadilla.

Lovecraft tenía una prosa densa, adjetivada, que algunos lectores encuentran excesiva y otros encuentran hipnótica. En El, esa prosa trabaja con una precisión particular: los excesos son deliberados, acumulativos, y funcionan como la niebla que va cerrándose alrededor del protagonista hasta que ya no hay salida visible. Leerlo despacio es la única forma correcta de leerlo.

También vale la pena saber que este texto fue escrito en un momento de crisis personal para su autor. Lovecraft estaba a punto de separarse de su esposa, vivía en una ciudad que detestaba y que sin embargo lo fascinaba, y sentía que el mundo moderno avanzaba en una dirección que lo dejaba atrás. Todo eso está en el relato, sublimado en imágenes de decadencia y revelación, de belleza que esconde algo que no debería verse.

Pocas veces un escritor ha convertido su propia incomodidad vital en literatura con tanta eficacia. El es un cuento sobre Nueva York, sí, pero también es un cuento sobre lo que significa amar un tiempo que ya no existe, y sobre el precio que se paga por querer habitarlo.

Toca un párrafo

Cada gran obra esconde gemas del pensamiento

Hay frases que atraviesan los siglos, revelan verdades profundas y muchas veces cambian vidas. Viven escondidas en las obras que han marcado la historia de la humanidad. Leer es minarlas: cuando encuentres una que de verdad lo sea, márcala; si es una gema, se publicará con tu nombre en la página del autor y del libro. También descubrirás las gemas que ha hallado la comunidad.

No toda frase es una gema: una gema se sostiene sola, dice algo profundo y resuena en cualquiera.

Guardar en colección

Aún no tienes colecciones. Crea la primera abajo.