Introducción
El primer cuento de los Cuentos de la infancia y del hogar de los hermanos Grimm, y uno de los más queridos. La hija menor de un rey, de belleza deslumbrante, juega junto a una fuente del bosque con su pelota de oro, hasta que esta cae al agua profunda. Mientras la niña llora inconsolable, una rana asoma la cabeza y le ofrece un trato: recuperará la pelota si la princesa promete aceptarla como amiga y compañera, dejarla comer de su platito y dormir en su cama. La niña promete… pero para sus adentros no piensa cumplir «las tonterías» de aquel animalejo.
Recuperada la pelota, la princesa huye y olvida su palabra. Pero al día siguiente la rana llega a palacio y reclama lo prometido. Cuando la niña intenta rechazarla, el rey le impone la gran lección del cuento: «Lo que prometiste debes cumplirlo», y más adelante: «No debes despreciar a quien te ayudó cuando te encontrabas necesitada». Obligada, la princesa soporta a la rana en la mesa y hasta en su cuarto, hasta que, llena de repugnancia, la arroja contra la pared.
Y entonces se obra el prodigio: la rana se convierte en un hermoso príncipe, víctima del hechizo de una bruja. El relato se corona con una imagen inolvidable: el fiel Enrique, criado del príncipe, que había ceñido su corazón con tres aros de hierro para que no le estallara de pena, los siente saltar uno a uno de pura alegría al ver a su señor liberado. «El rey rana» es un cuento sobre la palabra dada, la fidelidad y la transformación.