Introducción
Un cuento inolvidable de Nathaniel Hawthorne sobre la vejez, la juventud y la incapacidad humana de aprender de sus errores. El excéntrico y anciano doctor Heidegger invita a su polvoriento estudio —lleno de libros de magia, un esqueleto y un espejo encantado— a cuatro amigos igual de ancianos y desdichados: el arruinado comerciante Médbourne, el enfermo y disipado coronel Kílligrew, el político deshonrado Gascoigne y la marchita viuda Wycherly, que fue una belleza. Los tres caballeros fueron en su juventud pretendientes de la viuda y estuvieron a punto de matarse por ella.
El doctor les propone un experimento: primero, ante sus ojos, revive una rosa marchita de hace cincuenta y cinco años sumergiéndola en el agua de la legendaria Fuente de la Juventud, que un amigo le ha enviado desde Florida. Luego ofrece a sus cuatro invitados beber de esa agua. El doctor, prudente, se abstiene y observa: les advierte que aprovechen su experiencia para no repetir los errores de la juventud. Ellos ríen la advertencia y beben, ansiosos.
El efecto es prodigioso: rejuvenecen a ojos vistas, embriagados de euforia. Pero, en cuanto vuelven a ser jóvenes, repiten exactamente sus antiguas locuras: el vanidoso presume, el político perora, el comerciante calcula, y los tres galanes se disputan a la coqueta viuda hasta llegar a las manos, volcando la mesa y derramando el agua milagrosa. El efecto se disipa enseguida y los cuatro vuelven a ser ancianos. El doctor concluye que él, al menos, ha aprendido a no desear la juventud; pero los cuatro amigos, sin escarmentar, deciden peregrinar a Florida a beber de la Fuente para siempre. «El experimento del doctor Heidegger» es una parábola magistral sobre la vanidad, el tiempo y la terca incapacidad de aprender de la experiencia.