Introducción
Imagina que, por curioso, por meter la nariz donde no debes, amaneces un día convertido en asno: con el cuerpo peludo y las orejas largas de una bestia de carga, pero conservando entera tu mente humana, tus recuerdos, tu inteligencia y tu asombro. No puedes hablar, solo rebuznar; nadie sabe que dentro de ese animal hay un hombre. Esa es la genial ocurrencia sobre la que Apuleyo construyó, hace más de dieciocho siglos, una de las novelas más originales y entretenidas jamás escritas: El asno de oro.
Su protagonista, Lucio, es un joven fascinado por la magia que viaja a Tesalia, la tierra de las brujas. Allí, por espiar los hechizos de una maga y probar sus ungüentos, sufre una transformación que no esperaba: en lugar de convertirse en ave, como pretendía, queda convertido en asno. Y como bestia habrá de vagar por el mundo, robado por bandidos, vendido y revendido, molido a palos y a trabajos, pasando de amo en amo hasta que la diosa Isis se apiade de él y le devuelva su figura de hombre.
Pero la desgracia de Lucio es una suerte para el lector. Convertido en asno, invisible como testigo, Lucio ve y oye lo que a ningún humano se le muestra: las intimidades de las casas, las crueldades de los amos, las trampas de los sacerdotes farsantes, los adulterios, los crímenes, las supersticiones. La novela se convierte así en un fresco vivísimo y descarnado del mundo del Imperio romano visto desde abajo, a ras de suelo, con una mezcla inimitable de humor grueso, sátira feroz, erotismo y sobresalto.
Y por si fuera poco, el relato va sembrado de cuentos: historias que unos y otros personajes narran, fábulas de brujas y de fantasmas, de amantes y de asesinos, engarzadas en el viaje del asno como las cuentas de un collar. Entre todas ellas resplandece una joya que por sí sola ha hecho inmortal el libro: la fábula de Cupido y Psique, la historia del dios del Amor que se enamora de una muchacha mortal y le prohíbe una sola cosa —que nunca mire su rostro—, prohibición que la curiosidad de ella no podrá resistir. Es el mito eterno del amor puesto a prueba, la desconfianza que destruye la felicidad y el largo camino de penitencia para recuperarla: una de las historias de amor más bellas de toda la literatura.
Bajo la superficie divertida late, además, un sentido más hondo. El viaje del asno es también un viaje espiritual: la caída del hombre esclavizado por sus apetitos y su curiosidad vana, y su lenta redención hasta la iluminación final en los misterios de Isis. Comedia y mística, carne y espíritu, risa y revelación conviven en estas páginas sin contradicción.
El asno de oro —única novela latina que ha llegado hasta nosotros completa— es el antepasado remoto de todo lo que amamos en la narrativa posterior: la picaresca, la novela de aventuras, el relato de transformaciones, el cuento dentro del cuento. Inspiró a Bocaccio y a Cervantes, a Quevedo y a incontables narradores. Leerla hoy, en la deliciosa versión castellana clásica que aquí se ofrece, es reír, estremecerse y conmoverse con un libro que dos mil años no han logrado envejecer.