Introducción
Una de las alegorías más hermosas y melancólicas de Nathaniel Hawthorne, construida sobre el choque entre dos mundos irreconciliables de la Nueva Inglaterra primitiva. En la colonia de Merry Mount reina la alegría pagana: en torno a un gran May-pole —un pino coronado de flores, cintas y una bandera con los colores del arco iris— los colonos danzan disfrazados, celebran la víspera de San Juan y viven entregados al placer y al regocijo, «esparciendo semillas de flores en todo el país circunvecino».
Es la tarde de las bodas del rey y la reina de Mayo, Edgar y Edith, la pareja más gozosa de la colonia. Pero en el instante mismo de su mayor felicidad, una sombra de pensamiento cruza por ellos: presienten que la alegría sin fin es un sueño frágil. Y en ese momento irrumpe el mundo contrario: los puritanos de acero, capitaneados por el severo John Endicott, que caen sobre Merry Mount, derriban el May-pole de un tajo y hacen prisioneros a los alegres pecadores.
Endicott se dispone a castigar con dureza a la pareja, pero, al contemplar su amor puro y su mutuo sostén en la desgracia —«nunca se había revelado su juvenil belleza tan elevada y tan pura como cuando su esplendor se abrillantaba con el infortunio»—, el hombre de hierro se ablanda. Les perdona la vida, les corta los cabellos y los lleva consigo a la austera comunidad puritana. Merry Mount queda desolado para siempre; pero Edgar y Edith, unidos ahora en las «más puras y mejores alegrías» del amor verdadero, siguen «vía del cielo» sin volver la vista a las pompas desvanecidas. «El árbol de mayo de Merry Mount» es una parábola inolvidable sobre el paso de la alegría inocente a la madurez del amor y del deber.