Introducción
Uno de los primeros y más delicados diálogos socráticos de Platón, dedicado a una virtud esencial de la ética griega: la sofrosyne, es decir, la templanza, la moderación o el dominio de sí. De regreso de la guerra, Sócrates se interesa por el joven Cármides, un muchacho de belleza y nobleza extraordinarias, del que todos alaban también su compostura y sensatez, y decide poner a prueba si de verdad posee la templanza.
El diálogo se abre con una hermosa idea médica: no se puede curar una parte del cuerpo sin atender al todo, y sobre todo al alma, pues «del alma parten todos los males y todos los bienes del cuerpo y del hombre en general». Con esta premisa, Sócrates conduce a Cármides y a su tutor Critias por sucesivas definiciones de la templanza: ¿es una cierta quietud?, ¿el pudor?, ¿hacer lo que a uno le corresponde?, hasta llegar a la más profunda: que «la sabiduría consiste en conocerse a sí mismo».
Pero esta definición —la templanza como «ciencia de sí misma», el saber que se conoce a sí mismo y sabe lo que se sabe y lo que se ignora— conduce a dificultades insalvables, y el diálogo termina, como muchos de los primeros de Platón, sin una respuesta cerrada. Esa aparente falta de conclusión es su mayor lección: reconocer humildemente los límites del propio saber. El «Cármides» es una joya sobre el autoconocimiento y la virtud.