Introducción
Un himno solemne y luminoso de Horacio, el gran poeta de Roma, compuesto por encargo oficial para una de las celebraciones religiosas más importantes de la Antigüedad. El «Canto secular» (Carmen saeculare) es un cántico ceremonial que Horacio escribió para ser interpretado por un coro de jóvenes en los Juegos Seculares del año 17 a.C., un himno de acción de gracias y de súplica a los dioses por la prosperidad y la grandeza de Roma.
Los Juegos Seculares eran una fastuosa ceremonia religiosa que se celebraba una vez por «siglo» (saeculum) para marcar el fin de una era y el comienzo de otra. Para la celebración organizada por el emperador Augusto, se encargó a Horacio —consagrado ya como el mayor poeta lírico de Roma— la composición de este himno, que fue cantado solemnemente por un coro de veintisiete muchachos y veintisiete doncellas. En sus versos, el poeta invoca a los dioses protectores de Roma —Apolo y Diana sobre todo, pero también a Júpiter, Ceres, Ilitía—, les da gracias por los bienes recibidos y les implora que sigan velando por la ciudad, sus leyes, sus campos, su juventud y su imperio. El himno refleja el espíritu de la Roma augústea, su piedad religiosa y su orgullo, y es una muestra perfecta del arte de Horacio para la poesía civil y ceremonial. Es, además, uno de los pocos poemas de la Antigüedad del que conocemos con certeza la ocasión de su composición y su ejecución pública.
Clásico de la poesía lírica latina y solemne himno a Roma, el «Canto secular» es una lectura breve, majestuosa y llena de sentido histórico. La voz ceremonial del gran Horacio, de dominio público.