Editar capítulo

Texto plano · una línea en blanco separa párrafos · «## » = subtítulo

caracteres
Cronómetro:

Lectura rápida

Premium
Velocidad ppm

Demo hasta ppm · Premium llega a ppm.

Palabras por ráfaga

Más de 1 palabra por ráfaga es premium.

Entrenar fijaciones
Intensidad
ppm
Introducción

Tipografía y lectura

Tamaño
Fondo
Ancho
Justificado
Guiones (partición)
Ortografía moderna (fué→fue)
Fuente

Voz

Tu navegador no tiene voces instaladas para la lectura.

¿Las voces suenan robóticas? Cómo instalar voces más naturales →

Acerca del libro

Portada de Apología de Sócrates

Platón

Apología de Sócrates

A sus setenta años, Sócrates es llevado a juicio en Atenas acusado de impiedad y de corromper a la juventud. La Apología es el discurso con que se defiende ante sus jueces —recreado por su discípulo Platón—, y uno de los textos fundacionales de la filosofía occidental. Lejos de suplicar clemencia, Sócrates explica con serena ironía su misión: el oráculo de Delfos lo había declarado el más sabio, y él, que se creía ignorante, descubrió indagando que los demás solo creían saber, mientras que su única sabiduría consistía en reconocer que no sabía nada. Se niega a renunciar a la filosofía aunque le vaya la vida en ello, porque una existencia sin examen no merece vivirse. Condenado a muerte, la afronta sin miedo: al hombre bueno no puede sucederle ningún mal, ni en la vida ni tras ella. «Es hora de partir: yo a morir, vosotros a vivir; quién lleva la mejor parte, solo Dios lo sabe.» El retrato imperecedero del pensador que prefiere morir antes que traicionar la verdad.
Ver ficha completa

Reportar un error

¿Qué problema encontraste en este libro?

Para leer o escuchar la obra completa, adquiérela y consérvala para siempre, o hazte Premium.

Regístrate para conseguir este libro con tu 1.er crédito, o hazte Premium.

👑 Premium · acceso ilimitado
Portada de Apología de Sócrates
Apología de Sócrates
Platón

Introducción

¿Cuánto vale la verdad? ¿Estarías dispuesto a morir antes que renunciar a pensar por ti mismo? Hace casi dos mil cuatrocientos años, un anciano de Atenas respondió a esa pregunta con su propia vida, y de aquel gesto nació uno de los textos que fundaron la filosofía occidental: la Apología de Sócrates.

Sócrates tenía setenta años cuando lo llevaron ante un tribunal de quinientos ciudadanos, acusado de no creer en los dioses de la ciudad y de «corromper a la juventud». Detrás de esos cargos había, en realidad, algo más incómodo: durante décadas, Sócrates se había dedicado a recorrer Atenas haciendo preguntas, desmontando con su ironía las falsas certezas de políticos, poetas y notables, dejando al descubierto que muchos de los que presumían de sabios no sabían en el fondo nada. Esa incomodidad le había ganado poderosos enemigos. La Apología —escrita por su discípulo Platón— recoge el discurso con que se defendió.

Y lo asombroso es cómo se defiende. No suplica, no adula al jurado, no promete corregirse. Al contrario: reivindica su vida entera. Cuenta que el oráculo de Delfos lo había proclamado el más sabio de los hombres, y que él, convencido de no saber nada, se propuso refutarlo interrogando a los que pasaban por sabios. Descubrió entonces la clave de toda su filosofía: la diferencia entre ellos y él no era que él supiera más, sino que «ellos creen saber aunque no saben, y yo, no sabiendo, sé al menos que no sé». Esa docta ignorancia —el famoso «solo sé que no sé nada»— es el principio de toda búsqueda honesta de la verdad.

Sócrates se compara con un tábano que pica a un caballo grande y perezoso —Atenas— para que no se adormezca, y advierte que, si lo condenan, no se hacen daño a él, sino a sí mismos, porque no es fácil que encuentren otro que los despierte. Se niega en redondo a dejar de filosofar aunque le prometan la absolución a cambio, porque para él una vida sin examen, sin reflexión, no es una vida digna de un ser humano. Prefiere morir siendo fiel a sí mismo que vivir traicionando lo que cree.

Y cuando el tribunal lo condena a muerte, su serenidad resulta casi sobrehumana. No teme morir, dice, porque temer a la muerte es creer saber lo que no se sabe: la muerte es quizá el mayor de los bienes, un sueño sin sueños o un viaje para conversar con los grandes hombres del pasado. Y sobre todo, está convencido de que «al hombre de bien no puede sucederle ningún mal, ni en la vida ni después de la muerte». Sus últimas palabras ante los jueces son de una calma que estremece: «es hora de partir; yo a morir, vosotros a vivir; quién lleva la mejor parte, solo Dios lo sabe».

Retrato del primer mártir de las ideas, la Apología ha inspirado a filósofos, disidentes y hombres libres de todas las épocas. Es la defensa perpetua de la conciencia individual frente al poder, del pensamiento crítico frente al dogma, y de una convicción que no ha perdido un ápice de fuerza: que examinar la propia vida, cuestionar, dudar y buscar la verdad no es un lujo, sino la única manera de vivir de verdad.

Toca un párrafo

Cada gran obra esconde gemas del pensamiento

Hay frases que atraviesan los siglos, revelan verdades profundas y muchas veces cambian vidas. Viven escondidas en las obras que han marcado la historia de la humanidad. Leer es minarlas: cuando encuentres una que de verdad lo sea, márcala; si es una gema, se publicará con tu nombre en la página del autor y del libro. También descubrirás las gemas que ha hallado la comunidad.

No toda frase es una gema: una gema se sostiene sola, dice algo profundo y resuena en cualquiera.

Guardar en colección

Aún no tienes colecciones. Crea la primera abajo.