“El sol parecía herirle: la inmensa superficie del lago le causaba miedo; necesitaba agazaparse en un rincón obscuro, no ver, no oír; y viró, volviendo á meterse en los carrizos.” — Vicente Blasco Ibáñez de Canas y barro
“Tonet apenas comía, escuchando como á través de un sueño los gritos y risas de aquella gente, la regocijada protesta con que acogían las mentirosas hazañas de los cazadores fanfarr...” — Vicente Blasco Ibáñez de Canas y barro
“Ahora era cabo en una guerrilla montada y parecía muy contento de su existencia.” — Vicente Blasco Ibáñez de Canas y barro
“En la barraca del tío Tòni temblaba la Borda, llorando por los rincones cuando llegaban al Palmar confusas noticias de los combates que ocurrían allá lejos.” — Vicente Blasco Ibáñez de Canas y barro
“No; él se rebelaba; quería sacar á la familia de su miserable postración; trabajar, no sólo para comer, sino para el ahorro.” — Vicente Blasco Ibáñez de Canas y barro
“¡Era mala voluntad de las gentes, deseo de perderle, como si aún no tuviera bastante con su miseria, que le hacía habitar la peor barraca del pueblo!” — Vicente Blasco Ibáñez de Canas y barro
“No siempre he de ser esclavo; tal vez encontraré quien me devuelva la libertad.” — Vicente Blasco Ibáñez de Sonnica la cortesana
“Con la debilidad que las muchedumbres sienten siempre por sus ídolos, excusando y justificando sus defectos, todo el público celebraba risueño esta audacia.” — Vicente Blasco Ibáñez de Sangre y arena
“Era la corazonada misteriosa que en el redondel le hacía desoír las protestas del público, lanzándose a las mayores audacias siempre con excelente resultado.” — Vicente Blasco Ibáñez de Sangre y arena
“Las lluvias y el viento devoran los colores, nadie viene á repararlos, y todos, pobres y ricos, santos y pecadores, hombres y mujeres, toman la amarillez uniforme del mármol en el...” — Vicente Blasco Ibáñez de Oriente
“Es una ciudad vieja, en la que la vida se desliza sin sentir, falta de intensas alegrías, pero limpia de grandes dolores.” — Vicente Blasco Ibáñez de Oriente
“Luego quedó cerrada la tapa, desapareciendo para siempre la que minutos antes era una mujer hermosa que los hombres no podían ver sin estremecimientos de deseo.” — Vicente Blasco Ibáñez de Mare nostrum
“Jaime parecía engrandecerse ante sus ojos al ser hijo de aquella isla de ensueño, donde es siempre azul el mar, luce el sol en todo tiempo y florece el naranjo.” — Vicente Blasco Ibáñez de Los muertos mandan
“Te amo ahora porque me inspiras lástima, y la lástima conduce á la ternura, y la ternura es el verdadero amor, un amor que yo no había conocido nunca.” — Vicente Blasco Ibáñez de Los enemigos de la mujer
“El pobre que no juega es el que ve siempre sus bolsillos vacíos, sin esperanza ni remedio.” — Vicente Blasco Ibáñez de Los enemigos de la mujer
“El amor siempre es amor, por ridículo que parezca, y esta pobre mujer me quiere.” — Vicente Blasco Ibáñez de Los argonautas
“Todo el que no es millonario se cree en la pobreza, y habla de ella como de algo agradable y hermoso que debe proporcionarle una aureola de simpatía.” — Vicente Blasco Ibáñez de Los argonautas
“Pero ella posee una magia á la que no escapan hombres ni mujeres, y le bastó hablar para convencerlos á todos.” — Vicente Blasco Ibáñez de La tierra de todos
“Tú crees saber mucho porque siempre estás leyendo libracos, y no conoces ni un pedacito del corazón de las mujeres, tamaño como un blanco de uña.” — Vicente Blasco Ibáñez de La reina Calafia
“Además, Don Jaime posee la más sólida y positiva de las ilustraciones; la que no se adquiere en los libros, sino viajando.” — Vicente Blasco Ibáñez de La familia de doctor Pedraza
“Hace medio siglo, cuando un hombre se arruinaba voluntariamente, y no a causa de malos negocios, era casi siempre por el amor o por el juego.” — Vicente Blasco Ibáñez de La familia de doctor Pedraza
“Todo el que trabaja y expresa sinceramente su manera de ver la vida, tiene en mí un admirador.” — Vicente Blasco Ibáñez de La familia de doctor Pedraza
“No crea usted que era una de esas mujerzuelas borrachas y embrutecidas, que es el papel que en las novelas se reserva siempre á la hembra del verdugo.” — Vicente Blasco Ibáñez de La condenada