“De vuelta a casa, mi cabeza era un vértigo vivo, con locos impulsos de saltar al aire y lanzar alaridos de felicidad.” — Horacio Quiroga de Cuentos de amor, de locura y de muerte
“Aspiración de lujo, matrimonio encumbrado, todo me resaltó como una llaga en mi propia alma.” — Horacio Quiroga de Cuentos de amor, de locura y de muerte
“Entonces, en ese instante en que crucé la galería, sentí intensamente cuánto la quería y lo que acababa de hacer.” — Horacio Quiroga de Cuentos de amor, de locura y de muerte
“De aquí que el malacara y el alazán tuvieran fe en el alambrado que iba a construir el hombre.” — Horacio Quiroga de Cuentos de amor, de locura y de muerte
“El caballo, por mayor intimidad de trato, es sensiblemente más afecto al hombre que la vaca.” — Horacio Quiroga de Cuentos de amor, de locura y de muerte
“Esto pareció herir en lo vivo al alazán, que volvió la cabeza: —Nosotros no estamos flacos.” — Horacio Quiroga de Cuentos de amor, de locura y de muerte
“Si un recuerdo ha de perdurar en mi memoria, es el de las dos horas que siguieron a aquel momento.” — Horacio Quiroga de Cuentos de amor, de locura y de muerte
“¿Quién, de entre nosotros, puede jurar que no hubiera sentido lo mismo?” — Horacio Quiroga de Cuentos de amor, de locura y de muerte
“Los flamencos recorrieron así todos los almacenes, y de todas partes los echaban por locos.” — Horacio Quiroga de Las medias de los flamencos
“Los otros, sin responderle, rompieron a ladrar con furia, siempre en actitud temerosa.” — Horacio Quiroga de La insolacion
“Se acordó asimismo de la recomendación de su mamá; mas creyó que su mamá exageraba, como exageran siempre las madres de las gamitas.” — Horacio Quiroga de La gama ciega
“Yo la saqué al patio, donde no quedaban sino cuatro paredes silenciosas, viscosas de alquitrán y agua.” — Horacio Quiroga de El vampiro
“(Ellas dijeron «ni nunca» porque así dicen los que hablan guaraní, como en Misiones).” — Horacio Quiroga de El paso del Yabebirí
“Hacían gran barullo con sus gritos, y tenían siempre un loro de centinela en los árboles más altos, para ver si venía alguien.” — Horacio Quiroga de El loro pelado
“gran silencio, el coaticito, que sufría mucho por los dientes de la trampa, vio, a la luz de la luna, tres sombras que se acercaban con gran sigilo.” — Horacio Quiroga de Historia de dos cachorros de coati y de...
“Cuantas chanzas (¡y cuán duras en aquellos analfabetos de rapiña!) se hicieron al manco sobre sus dos ex hombres, lo hallaron siempre de pie.” — Horacio Quiroga de Los destiladores de naranja
“bullente vida tropical no hay a esa hora más que el teatro helado; ni un animal, ni un pájaro, ni un ruido casi.” — Horacio Quiroga de La miel silvestre
“Su entrada en una casa supone la exterminación absoluta de todo ser viviente, pues no hay rincón ni agujero profundo donde no se precipite el río devorador.” — Horacio Quiroga de La miel silvestre
“Vivieron dos años con la angustia a flor de alma, esperando siempre otro desastre.” — Horacio Quiroga de La gallina degollada
“Y el silencio fue tan fúnebre para su corazón siempre aterrado, que la espalda se le heló de horrible presentimiento.” — Horacio Quiroga de La gallina degollada
“No hay otra filosofía en la vida de un hombre y de una abeja.” — Horacio Quiroga de La abeja haragana
“Las abejas de guardia la dejaron pasar sin decirle nada, porque comprendieron que la que volvía no era la paseandera haragana, sino una abeja que había hecho en sólo una noche un d...” — Horacio Quiroga de La abeja haragana
“Nunca vimos en los animales de casa orgullo mayor que el que sintió nuestra gata cuando le dimos a amamantar una tigrecita recién nacida.” — Horacio Quiroga de El tigre
“Esta situación de mártir, de bebé vigilado segundo a segundo contra tal disparatada amenaza de muerte, no es seductora, a pesar de todo.” — Horacio Quiroga de El perro rabioso