Una mente en formación
Virginia Woolf nació en Londres el 25 de enero de 1882, en el seno de una familia intelectual victoriana: su padre, Leslie Stephen, era un eminente crítico y editor. Educada en la vasta biblioteca familiar, tuvo acceso a una cultura que a las mujeres de su tiempo se les negaba, aunque sufrió la desigualdad de no poder estudiar en la universidad como sus hermanos. La muerte temprana de su madre y otros duelos familiares marcaron el inicio de los problemas de salud mental que la acompañarían toda la vida. De aquella formación y aquellas heridas surgió una de las inteligencias más originales de la literatura del siglo XX.
El grupo de Bloomsbury
Virginia fue el centro del grupo de Bloomsbury, un círculo de escritores, artistas e intelectuales —entre ellos el economista John Maynard Keynes y el crítico Lytton Strachey— que compartían una actitud libre, crítica y anticonvencional ante el arte, la moral y la sociedad. Junto a su marido, Leonard Woolf, fundó la editorial Hogarth Press, que publicó obras de vanguardia. Aquel ambiente de libertad intelectual y de conversación brillante fue el caldo de cultivo de su renovación literaria y de su pensamiento.
La renovación de la novela
Woolf fue una de las grandes innovadoras de la novela moderna. Rechazó el realismo tradicional, centrado en la trama y los hechos externos, para sumergirse en el fluir de la conciencia, en la vida interior, en la percepción del instante. En La señora Dalloway (1925) narra un solo día en la vida de una mujer londinense, entretejiendo pensamientos, recuerdos y sensaciones; en Al faro (1927), su obra quizá más perfecta, explora el paso del tiempo, la memoria y las relaciones familiares con una prosa poética y luminosa. En Las olas llevó al extremo su experimentación, disolviendo la narración en un tejido de voces interiores.
«Una habitación propia»
Woolf fue también una pensadora feminista pionera. En su ensayo Una habitación propia (1929) formuló una tesis célebre: para escribir, una mujer necesita «dinero y una habitación propia», es decir, independencia económica y un espacio de libertad. Analizó con lucidez cómo la historia había silenciado el talento femenino por falta de medios y de oportunidades, e imaginó a una hipotética hermana de Shakespeare condenada al olvido por su condición de mujer. En Orlando y en Tres guineas siguió explorando la identidad de género, la libertad y la crítica del patriarcado, adelantándose a debates que serían centrales décadas después.
La lucha con la sombra
Toda su vida, Virginia Woolf luchó contra episodios recurrentes de enfermedad mental, con crisis profundas de depresión que la sumían en la desesperación. Escribió, sin embargo, una obra luminosa y de una inteligencia deslumbrante, además de ensayos, crítica, diarios y una correspondencia de extraordinaria riqueza. Su diario es uno de los testimonios más penetrantes que existen sobre el proceso creativo y la vida interior de una escritora.
Legado
El estallido de la Segunda Guerra Mundial y el temor a una nueva crisis de la que sentía que no se recuperaría la llevaron a quitarse la vida el 28 de marzo de 1941, adentrándose en el río Ouse con los bolsillos llenos de piedras, tras dejar a su marido una conmovedora carta de amor y despedida. Virginia Woolf es hoy reconocida como una de las figuras capitales de la literatura del siglo XX, maestra de la novela moderna y referente ineludible del feminismo. Su exploración de la conciencia, su prosa incomparable y su defensa de la libertad de las mujeres la mantienen como una voz viva e imprescindible.