Foto de Terencio

Biografía de Terencio

Escritor Túnez · -185–-159

Del esclavo al poeta

Publio Terencio Africano nació en Cartago, en el norte de África, hacia el año 185 a. C. Llevado a Roma como esclavo, tuvo la fortuna de servir a un senador que reconoció su talento, le dio educación y finalmente lo liberó. Convertido en liberto, el joven de origen africano se integró en los círculos cultos y aristocráticos de Roma, y se dedicó a la comedia, en la que alcanzaría una maestría que lo situaría entre los grandes autores de la literatura latina. Su historia, la del esclavo extranjero que llega a ser uno de los grandes escritores de Roma, es un testimonio del valor del talento por encima del origen.

Las comedias

Terencio escribió seis comedias, todas conservadas, adaptadas de modelos griegos, especialmente de la comedia nueva de Menandro. Entre ellas destacan La suegra, Los hermanos, El eunuco y El atormentador de sí mismo. A diferencia de su predecesor Plauto, más popular, bullicioso y cómico, Terencio cultivó una comedia más refinada, contenida y de mayor hondura humana y moral. Sus obras se centran en los conflictos familiares, en las relaciones entre padres e hijos, en el amor y en los malentendidos, y se distinguen por la construcción cuidada, el análisis de los caracteres y una notable delicadeza psicológica.

Una lengua modelo

Terencio fue admirado, ya en la Antigüedad y durante siglos después, por la pureza, la elegancia y la corrección de su lengua latina. Su latín, claro, natural y armonioso, se convirtió en un modelo de buen estilo, estudiado e imitado en las escuelas a lo largo de toda la historia, del Renacimiento en adelante. Esa perfección lingüística, unida a la finura de sus comedias, hizo de él un autor clásico por excelencia, cuya lectura formaba parte esencial de la educación humanística durante siglos.

«Hombre soy»

La obra de Terencio destila una honda humanidad y una simpatía comprensiva hacia las flaquezas y los sentimientos humanos. De una de sus comedias procede una de las frases más célebres de la literatura universal: «Hombre soy; nada humano me es ajeno» (Homo sum, humani nihil a me alienum puto), expresión de un ideal de humanidad, tolerancia y comprensión que ha resonado a lo largo de los siglos como una divisa del humanismo. Esa mirada benévola y humana sobre las debilidades de las personas, y su interés por los conflictos y los afectos familiares, dan a su teatro una modernidad y una hondura notables.

Refinamiento y moralidad

Frente a la comicidad más gruesa y popular, Terencio buscó un teatro más elegante, moral y psicológico, orientado a un público culto. Sus comedias, aunque a veces menos exitosas ante el gran público de su tiempo que las de Plauto, fueron apreciadas por su calidad literaria y su hondura, y ejercieron una influencia perdurable. Su tratamiento matizado de los caracteres, su interés por la educación de los hijos y por las relaciones humanas, y su tono humano y moral anticipan procedimientos de la comedia posterior.

Legado

Terencio murió joven, hacia el año 159 a. C., al parecer durante un viaje a Grecia. Pese a la brevedad de su vida y de su obra, su influencia sobre el teatro y la cultura europeos ha sido inmensa. Sus comedias fueron leídas, estudiadas e imitadas a lo largo de toda la historia, y su latín se convirtió en modelo de buen estilo durante siglos. Autores como Molière y los comediógrafos del Renacimiento bebieron de su arte. Su frase «nada humano me es ajeno» se convirtió en lema del humanismo universal. Terencio permanece como uno de los grandes clásicos de la literatura latina, el esclavo africano convertido en maestro de la comedia, cuya lengua pura, cuya finura psicológica y cuya honda humanidad siguen admirándose más de dos mil años después.

Obras de Terencio

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