Un espíritu inquieto
Henri Beyle, conocido por su seudónimo Stendhal, nació en Grenoble el 23 de enero de 1783. Detestó su infancia provinciana y a su padre, y soñó desde joven con París y con la gloria. Se alistó en el ejército de Napoleón, a quien admiró apasionadamente, y participó en sus campañas, incluida la desastrosa retirada de Rusia, experiencias que marcaron su visión de la energía, la ambición y la acción. Amante de Italia, donde vivió largas temporadas y ejerció como cónsul, fue un espíritu cosmopolita, enamoradizo y contradictorio, atraído a la vez por el racionalismo del siglo XVIII y por la pasión romántica.
«Rojo y negro»
Su obra maestra, Rojo y negro (1830), lleva como subtítulo «Crónica de 1830» y es una de las grandes novelas del siglo XIX. Narra el ascenso y la caída de Julien Sorel, un joven de origen humilde, inteligente y ambicioso, que en la sociedad de la Restauración —cerrada al mérito— intenta abrirse camino mediante la hipocresía, la seducción y el cálculo, entre el uniforme militar (el «rojo») y la sotana eclesiástica (el «negro»). Con una penetración psicológica extraordinaria, Stendhal analiza los mecanismos de la ambición, el amor, la vanidad y la energía individual frente a una sociedad mediocre, y ofrece un retrato implacable de su tiempo.
«La cartuja de Parma»
Su otra gran novela, La cartuja de Parma (1839), escrita en apenas siete semanas de febril inspiración, es una historia de amor, política e intriga ambientada en la Italia de las pequeñas cortes tras la caída de Napoleón. Su protagonista, el joven y apasionado Fabricio del Dongo, y personajes como la duquesa Sanseverina o el conde Mosca despliegan una vitalidad y una complejidad inolvidables. La célebre descripción de la batalla de Waterloo, vista desde el desconcierto de un soldado que apenas entiende lo que ocurre, revolucionó la manera de narrar la guerra en la literatura.
El análisis de la pasión
Stendhal fue un agudo analista del amor y de la psicología. En su ensayo Del amor desarrolló su teoría de la «cristalización», el proceso por el cual la imaginación adorna al ser amado de perfecciones, como una rama cubierta de cristales de sal. Su método —el «beylismo»— aspiraba a comprender los mecanismos íntimos de las emociones y de la búsqueda de la felicidad con una lucidez casi científica, heredada de los ideólogos del siglo XVIII, pero aplicada a la vida más intensa y apasionada. Ese cruce entre análisis frío y pasión ardiente define su originalidad.
Incomprendido en su tiempo
Stendhal fue poco valorado por sus contemporáneos: su estilo seco, rápido y sin ornamentos —decía inspirarse en el Código Civil para lograr claridad— desconcertó a un público acostumbrado a la retórica romántica. Consciente de ello, escribió para el futuro: «seré leído hacia 1880», profetizó, dedicando su obra a «los felices pocos» capaces de apreciarla. El tiempo le dio la razón: su gloria llegó después de su muerte, cuando su modernidad fue plenamente reconocida.
Legado
Murió en París el 23 de marzo de 1842, de un ataque de apoplejía. Como había previsto, su reputación creció enormemente en las décadas siguientes, hasta situarlo entre los mayores novelistas franceses, junto a Balzac y Flaubert. Precursor del realismo por su retrato de la sociedad y anticipador de la novela psicológica moderna por su análisis de la conciencia, Stendhal influyó en incontables escritores. Su culto a la energía, a la pasión y a la búsqueda de la felicidad, unido a su lucidez implacable, hacen de su obra una de las más vivas y modernas del siglo XIX, apreciada hoy por esos «felices pocos» que él soñó y que se han multiplicado sin cesar.