El lord rebelde
George Gordon Byron, sexto barón Byron, nació en Londres el 22 de enero de 1788. Heredó el título nobiliario y una vida marcada por las contradicciones: aristócrata y rebelde, seductor irresistible pese a una cojera congénita que lo atormentó, brillante y autodestructivo. Tras estudiar en Cambridge y emprender un largo viaje por el Mediterráneo y Oriente, publicó los primeros cantos de Las peregrinaciones de Childe Harold (1812), que lo convirtieron de la noche a la mañana en una celebridad: «me desperté una mañana y me encontré famoso», dijo. Su figura fascinó y escandalizó a la sociedad de su tiempo.
El héroe byroniano
Byron creó, en sus poemas y en su propia vida, un tipo de personaje que llevaría su nombre: el «héroe byroniano», el hombre solitario, orgulloso, melancólico y rebelde, atormentado por un pasado misterioso y por pasiones desbordantes, en conflicto con la sociedad y sus normas. Childe Harold, Manfredo, el Corsario y otros de sus protagonistas encarnan ese arquetipo que se convirtió en uno de los grandes mitos del Romanticismo e influyó en la literatura, la música y el imaginario europeos. En buena medida, el propio Byron —con sus amores tormentosos, sus deudas, sus viajes y su rebeldía— vivió como el héroe de sus versos.
«Don Juan»
Su obra maestra es Don Juan, un extenso poema satírico e inacabado que ofrece una cara muy distinta de su genio: aquí Byron despliega un humor irónico, mordaz y desenfadado, una libertad y una brillantez verbales asombrosas, para reelaborar el mito del seductor y, a través de sus aventuras, satirizar la hipocresía, la política, la guerra y las convenciones de la sociedad de su época. Lejos del solemne héroe byroniano, este Don Juan es un joven arrastrado por las circunstancias, y el poema, una de las obras más ingeniosas y libres de la literatura inglesa.
El escándalo y el exilio
La vida privada de Byron, con sus numerosos amores, sus deudas y los rumores sobre su relación con su hermanastra, provocó un escándalo tal que se vio obligado a abandonar Inglaterra para siempre en 1816. Se instaló en Italia, donde llevó una vida intensa y siguió escribiendo algunas de sus mejores obras, y donde se integró en los movimientos que luchaban por la libertad de los pueblos. Su rebeldía no era solo literaria: simpatizaba con las causas revolucionarias y con la lucha contra la opresión.
La causa griega
El compromiso de Byron con la libertad culminó en su implicación en la guerra de independencia de Grecia contra el Imperio otomano. Entregó su fortuna, su energía y su prestigio a la causa griega, viajó a Grecia para unirse a la lucha y se dispuso a combatir por la libertad del país que admiraba como cuna de la civilización. Allí, sin embargo, enfermó gravemente antes de entrar en combate.
Legado
Byron murió de unas fiebres en Missolonghi, Grecia, el 19 de abril de 1824, con solo treinta y seis años. Su muerte al servicio de la libertad griega lo consagró definitivamente como héroe romántico y como símbolo de la lucha de los pueblos por su independencia; en Grecia es venerado como un héroe nacional. Su influencia sobre el Romanticismo europeo fue inmensa: el «byronismo» —esa mezcla de rebeldía, melancolía y pasión— marcó a poetas, músicos y artistas de todo el continente. Byron encarnó como nadie el mito del poeta rebelde, libre y trágico, y su obra y su leyenda siguen fascinando como una de las expresiones más puras del espíritu romántico.