El ilustrado
Leandro Fernández de Moratín nació en Madrid el 10 de marzo de 1760, hijo del también escritor Nicolás Fernández de Moratín. Se formó en el ambiente de la Ilustración española, y sus ideas, su gusto y su obra son la expresión más lograda del espíritu ilustrado y neoclásico en el teatro español. Hombre de vasta cultura, viajero por Europa —conoció Francia, Inglaterra e Italia—, y vinculado a los círculos reformistas e ilustrados de su tiempo, defendió los ideales de la razón, el buen gusto, la naturalidad y la utilidad del arte, y aplicó esos principios a la renovación del teatro español, que buscó reformar según los modelos del clasicismo.
La reforma del teatro
Moratín se propuso reformar el teatro español, que a su juicio había caído en la extravagancia y el mal gusto, y devolverle la razón, la naturalidad, el decoro y la utilidad moral, siguiendo los principios del neoclasicismo y el ejemplo de Molière, a quien admiró y tradujo. Frente a los excesos del teatro barroco y posbarroco, defendió el respeto a las reglas clásicas, la verosimilitud, la naturalidad y una comicidad fina al servicio de la crítica de las costumbres y de la enseñanza moral. Su teatro, mesurado, elegante y de intención reformadora, representa la cumbre de la comedia neoclásica española.
«El sí de las niñas»
Su obra maestra es El sí de las niñas (1806), la mejor comedia del teatro neoclásico español y una de las más perfectas de la lengua. Con una construcción impecable, un diálogo natural y elegante y una fina comicidad, la obra critica una costumbre de la época: los matrimonios concertados por conveniencia, en los que las jóvenes eran obligadas a casarse, sin tener en cuenta sus sentimientos, con hombres mayores elegidos por sus familias. A través de la historia de la joven Paquita, obligada a casarse con un hombre maduro mientras ama a otro, Moratín defiende, con mesura y sensibilidad, el derecho de las jóvenes a elegir y a expresar su voluntad, y critica la autoridad abusiva y los matrimonios sin amor.
El comediógrafo y el poeta
Además de El sí de las niñas, Moratín escribió otras comedias notables, como La comedia nueva o el café —una sátira contra el mal teatro de su época— o El viejo y la niña, en las que aplicó los mismos principios de naturalidad, crítica de las costumbres y enseñanza moral. Cultivó también la poesía y la prosa, y dejó obras de crítica y de erudición, así como un valioso diario y una correspondencia. Su prosa y su verso, cuidados, elegantes y naturales, son un modelo del buen gusto neoclásico.
El exilio
La vida de Moratín se vio marcada por los convulsos acontecimientos políticos de su época. Vinculado a los ilustrados y afrancesados, y habiendo aceptado cargos durante el reinado de José Bonaparte, hubo de exiliarse en Francia tras la derrota napoleónica y el regreso del absolutismo, y pasó sus últimos años fuera de España, sobre todo en París. Ese exilio, y las tensiones políticas de una época de guerras y cambios, ensombrecieron el final de su vida, aunque no apagaron su prestigio como el mayor dramaturgo de su tiempo.
Legado
Leandro Fernández de Moratín murió en París el 21 de junio de 1828. Es reconocido como la máxima figura del teatro neoclásico español y como uno de los grandes dramaturgos de la lengua. El sí de las niñas es un clásico que sigue representándose y estudiándose, apreciado por su perfección formal, su naturalidad, su fina comicidad y su defensa, sensible y moderna, de la libertad de las jóvenes frente a los matrimonios impuestos. Su labor de reforma del teatro y su aplicación de los principios de la razón, el buen gusto y la crítica de las costumbres dejaron una huella importante en la escena española. Leandro Fernández de Moratín permanece como el gran comediógrafo neoclásico español, el ilustrado que llevó a la escena la razón, la naturalidad y la crítica de las costumbres, y que dejó en El sí de las niñas una comedia perfecta que, con mesura y sensibilidad, defendió la libertad y los sentimientos frente a la autoridad abusiva y la conveniencia.