El fabulista de Rusia
Iván Andréyevich Krylov nació en Moscú el 13 de febrero de 1769, en una familia modesta. De formación en gran parte autodidacta, tuvo una vida difícil y variada antes de encontrar su verdadera vocación: fue funcionario, periodista y dramaturgo, y cultivó diversos géneros con desigual fortuna. Ya en su madurez, encontró su camino y su gloria en la fábula, género en el que se convirtió en el gran maestro de la literatura rusa. Sus fábulas, escritas con ingenio, gracia, sabiduría popular y un magistral dominio de la lengua, lo convirtieron en uno de los autores más queridos y populares de Rusia, y en un clásico de su literatura.
Las fábulas
Krylov es, ante todo, el gran fabulista de Rusia. A lo largo de su vida escribió más de doscientas fábulas, muchas de ellas inspiradas o adaptadas de la tradición de la fábula —de Esopo, La Fontaine—, pero recreadas con una originalidad, una gracia, un ingenio y un sabor genuinamente rusos que las convirtieron en obras propias y en un tesoro de la literatura y la lengua rusas. Sus fábulas, protagonizadas por animales que encarnan tipos y caracteres humanos, transmiten enseñanzas morales y una sabiduría práctica y popular, con una gracia, un humor y una agudeza que las hicieron enormemente populares y queridas por el pueblo ruso.
Ingenio, gracia y sabiduría popular
Las fábulas de Krylov se distinguen por su ingenio, su gracia, su humor y su sabiduría popular. Con un magistral dominio de la lengua rusa, un fino oído para el habla popular y una aguda observación de la naturaleza humana y de la sociedad, Krylov creó fábulas amenas, divertidas y llenas de sabiduría, que critican los vicios, las debilidades y las locuras humanas, y transmiten enseñanzas morales y prácticas de manera memorable. Muchos de sus versos y de sus fábulas se han convertido en proverbios y en parte del acervo cultural y lingüístico ruso, y son citados y conocidos por todos.
Crítica y sátira
Bajo la gracia y el humor de sus fábulas, Krylov ejerció también una aguda crítica y una sátira de la sociedad, la política y las costumbres de su tiempo. A través de sus animales y de sus situaciones, criticó los vicios, los abusos, las injusticias y las locuras de la sociedad rusa, con una agudeza y una libertad notables, aunque envueltas en la forma amena y aparentemente inocente de la fábula. Esa crítica social y política, unida a la sabiduría moral y al humor, da a sus fábulas una dimensión que trasciende el mero entretenimiento, y las convierte en un testimonio y una reflexión sobre la sociedad y la naturaleza humana.
Un clásico nacional
Krylov se convirtió en un clásico nacional y en uno de los autores más queridos y populares de Rusia. Sus fábulas fueron leídas, aprendidas de memoria y citadas por generaciones de rusos, y forman parte fundamental de la educación, la cultura y la lengua del país. Su dominio de la lengua rusa, su gracia, su ingenio y su sabiduría, y su capacidad para expresar el alma, el humor y la sabiduría del pueblo ruso, hicieron de él una figura venerada, y su nombre y sus fábulas son un tesoro nacional. En vida gozó de gran fama y reconocimiento, y su memoria sigue siendo honrada en Rusia.
Legado
Iván Krylov murió en San Petersburgo el 21 de noviembre de 1844, rodeado del afecto y la veneración de su país. Es reconocido como el gran fabulista de Rusia y como uno de los autores más queridos y populares de su literatura, cuyas fábulas, de ingenio, gracia, humor y sabiduría popular, y de magistral dominio de la lengua rusa, se convirtieron en un tesoro de la literatura y la cultura rusas, aprendidas y citadas por generaciones. Muchos de sus versos son proverbios en Rusia. Su gracia, su sabiduría y su capacidad para expresar el alma del pueblo ruso lo mantienen vivo y querido. Iván Krylov permanece como el gran fabulista de Rusia, el maestro que, recreando la tradición de la fábula con un genio y un sabor genuinamente rusos, creó un tesoro de sabiduría, gracia e ingenio, criticó con humor los vicios de la sociedad, y legó a su país fábulas que forman parte de su lengua, su cultura y su alma.