El fundador
Aleksandr Pushkin nació en Moscú el 6 de junio de 1799, en una familia de la nobleza rusa; entre sus antepasados figuraba un africano al servicio de Pedro el Grande, del que estuvo orgulloso. Formado en un selecto liceo, reveló muy joven un talento poético excepcional. Su vida, apasionada e intensa, estuvo marcada por su genio literario, por sus ideas liberales —que le valieron destierros y la vigilancia del régimen zarista—, por sus amores y por su temperamento ardiente y orgulloso. Pushkin es considerado el padre de la literatura rusa moderna: creó prácticamente la lengua literaria de su país y abrió el camino a toda la gran narrativa y poesía rusas del siglo XIX.
El poeta
Pushkin fue ante todo un poeta de genio deslumbrante, dueño de una musicalidad, una claridad y una perfección formal insuperables. Su poesía, que abarca todos los registros —el lírico, el amoroso, el político, el narrativo—, renovó por completo la lengua poética rusa, liberándola de artificios y dotándola de una naturalidad, una gracia y una fuerza nuevas. Poemas narrativos como El jinete de bronce, sobre la figura de Pedro el Grande y la fundación de San Petersburgo, o Ruslán y Liudmila, muestran su maestría. Su influencia sobre la lengua y la poesía rusas fue tal que se le considera el creador del ruso literario moderno.
«Eugenio Oneguin»
Su obra maestra es Eugenio Oneguin, una «novela en verso» escrita a lo largo de varios años. Cuenta la historia de Oneguin, un joven aristócrata hastiado y cínico, y de Tatiana, una muchacha sensible y apasionada que se enamora de él y a la que él rechaza, para arrepentirse más tarde, cuando ya es demasiado tarde. Con una forma poética de asombrosa perfección y una honda penetración psicológica, la obra retrata la sociedad rusa de su tiempo y crea personajes inolvidables, entre ellos Tatiana, uno de los grandes caracteres femeninos de la literatura. Eugenio Oneguin es una de las cumbres de la literatura rusa y universal, y sirvió de base a la célebre ópera de Chaikovski.
El narrador y dramaturgo
Pushkin cultivó también la narrativa y el teatro con maestría. Su novela La hija del capitán, ambientada en la rebelión de Pugachov, y sus Relatos de Belkin son modelos de prosa clara, sobria y elegante, y sentaron las bases de la gran narrativa rusa. Su drama histórico Borís Godunov renovó el teatro ruso. En todos los géneros, Pushkin combinó la perfección formal con la penetración psicológica, la libertad y una comprensión honda de la naturaleza humana y de la sociedad rusa, abriendo caminos que recorrerían Gógol, Turguénev, Dostoyevski y Tolstói.
Una muerte trágica
La vida de Pushkin terminó de forma trágica y acorde con su temperamento apasionado. Casado con una mujer célebre por su belleza, y acosado por las intrigas y los rumores de la corte, se batió en duelo para defender su honor y el de su esposa, y resultó mortalmente herido. Murió en San Petersburgo el 10 de febrero de 1837, con apenas treinta y siete años, en la cima de su genio. Su muerte fue vivida como una tragedia nacional y despertó una honda conmoción en toda Rusia.
Legado
La influencia de Pushkin sobre la cultura rusa es incalculable y no tiene parangón: es venerado como el padre de la literatura rusa moderna, el creador de su lengua literaria y la fuente de la que brotó toda la gran literatura rusa del siglo XIX. Sus obras se leen, se recitan y se aman en Rusia como en ningún otro país se ama a un escritor, y su nombre es sinónimo del genio nacional. Su poesía, de perfección insuperable, y su prosa, modelo de claridad y elegancia, siguen siendo la piedra angular de las letras rusas. Aleksandr Pushkin permanece como una de las cumbres de la literatura universal y como el fundador de una de las más grandes tradiciones literarias de la historia, el poeta que dio a Rusia su lengua, su voz y su alma literaria.