Introducción
Un relato breve, macabro y desternillante de Mark Twain, que emplea lo sobrenatural con un propósito de sátira cívica. Una noche cálida y silenciosa, el narrador sueña que está sentado en el escalón de una puerta, hacia la medianoche, cuando por la calle desierta comienza a acercarse un ruido extraño de traqueteo de huesos.
Ante sus ojos desfila una procesión insólita: esqueletos y cadáveres que abandonan el cementerio, cargando cada uno sobre los hombros su propio ataúd carcomido y, algunos, arrastrando incluso su lápida. Uno de aquellos venerables difuntos se detiene a conversar con el soñador y le explica el motivo de tan singular emigración: los muertos se marchan porque sus tumbas han sido vergonzosamente descuidadas y abandonadas por los vivos, convertidas en un lugar ruinoso e indigno donde ya no es posible descansar en paz.
El difunto se despide con una sentencia lapidaria sobre la desidia de la comunidad, y en ese instante canta un gallo: la procesión se desvanece «sin dejar ni un jirón ni un hueso». El narrador despierta con la cabeza colgando de la cama, y remata con una nota irónica: si los cementerios del lector se mantienen en buen estado, el sueño no va con su ciudad, sino «con veneno, con la ciudad vecina». «Un sueño raro» es una humorada macabra y una eficaz crítica al abandono de los cementerios y a la desmemoria de los vivos.