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Portada de Un padre de familia

Antón Chéjov

Un padre de familia

Un cuento agudo y cruel de Antón Chéjov sobre la tiranía doméstica. De pésimo humor tras una noche de juego, Stefan Stefanovitch descarga su malestar sobre toda la casa y, en la comida, humilla sistemáticamente a su hijo Fedia, un niño enfermizo de siete años, hasta hacerlo llorar y castigarlo sin comer, todo en nombre de «decir la verdad» y de «hacer de él un hombre». Al día siguiente, disipada la resaca, amanece jovial y le pide un beso al niño, que se acerca pálido y receloso. Un retrato demoledor del padre déspota e hipócrita.
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Portada de Un padre de familia
Un padre de familia
Antón Chéjov

Introducción

Chéjov disecciona en este cuento la tiranía doméstica con una precisión implacable. Stefan Stefanovitch Gilin se despierta de pésimo humor —tras una pérdida al juego, una borrachera o un mal de estómago— y recorre la casa refunfuñando, buscando pretextos para descargar su malestar sobre su mujer y los criados. Pero es durante la comida, con toda la familia y una invitada presentes, cuando su despotismo alcanza su cima más odiosa: primero desprecia la sopa, luego la emprende con su hijo.

Fedia, un niño enfermizo de siete años, se convierte en el blanco de una humillación sistemática: el padre le critica cómo se sienta, cómo sostiene la cuchara, lo llama «bestia», «bruto», «ganapán», lo hace llorar y lo castiga sin comer, arrinconándolo. Y todo lo hace revestido de virtud, en nombre de la educación y de la verdad: «Nadie tiene derecho a comer de balde. Hay que ser un hombre». Cuando su mujer protesta, él se erige en mártir incomprendido: «Yo soy así. Me es imposible mentir. Yo no puedo ser hipócrita. Siempre digo la verdad lisa y llana».

Retirado a dormir la siesta, lo asaltan los remordimientos, pero el amor propio le impide toda sinceridad. Y a la mañana siguiente, disipada la resaca, amanece silbando y jovial, y le pide al niño: «Ven, chiquitín, besa a tu padre». Fedia, pálido y receloso, se acerca, lo besa en la mejilla y vuelve en silencio a su sitio. «Un padre de familia» es un retrato demoledor del déspota doméstico que confunde su mal humor con la virtud, y del daño silencioso que deja en un niño.

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