Introducción
Todo empieza con una urgencia imposible: en plena tormenta de nieve, un médico rural debe atender a un enfermo a diez millas, pero su caballo ha muerto. De una pocilga abandonada surgen entonces, como de la nada, dos caballos poderosos y un mozo siniestro… que se queda para abusar de Rosa, la criada, mientras los animales sobrenaturales arrastran al médico hasta la casa del paciente en un instante.
A partir de ahí, Kafka despliega una lógica de pesadilla. El joven enfermo primero le suplica «déjeme morir»; el médico no le ve nada, luego descubre en su costado una herida atroz, llena de gusanos —«te estás muriendo de esta flor en tu costado»—. La familia y el pueblo, con una fe supersticiosa en el médico, lo desnudan y lo acuestan junto al enfermo, entre cantos infantiles. Y cuando logra huir, los caballos ya no corren: se arrastra por la nieve, desnudo, sin poder alcanzar siquiera su abrigo.
Es uno de los relatos más enigmáticos y angustiosos de Kafka: el deber que arrastra, la impotencia ante el dolor, la culpa por Rosa sacrificada, la soledad radical del que «responde a una falsa alarma» y ya nunca puede deshacer el error. Una pesadilla perfecta, de esas que no se explican pero se sienten como verdaderas.