Introducción
El narrador se presenta como un hombre serio, cerebral, entregado a su gran obra: una disertación titulada «El pasado y el porvenir del impuesto sobre los perros». Las mujeres, las novelas, la luna «y otras tonterías por el estilo» —dice— lo tienen «completamente sin cuidado». Y sobre todo insiste, una y otra vez, en que es irascible: peligroso, terrible, capaz de todo cuando se irrita.
La comedia de Chéjov consiste en desmentirlo en cada línea. Una muchacha de la que ni siquiera recuerda el nombre —¿Narinka?, ¿Varinka?, ¿Masdinka?— se ha metido en la cabeza que él la ama en secreto, y decide, por «deber de humanidad», sacrificarse para curarlo. Y el temible, irascible narrador… no logra decir que no a nada: por pura cortesía se deja arrastrar a paseos, comidas, búsquedas de setas, un eclipse de sol y, finalmente, al altar. Cada vez que jura que va a estallar, obedece.
El resultado es un retrato hilarante de la distancia entre la imagen que uno tiene de sí mismo y lo que realmente es. El «hombre irascible» resulta ser un pusilánime incapaz de defender ni su tiempo ni su soltería, atrapado por las convenciones sociales como en «la jaula de un tigre». Y cierra con la moraleja más melancólica: «¿Por qué las buenas ideas acuden a la mente siempre demasiado tarde?».