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Acerca del libro

Portada de Un drama en Livonia

Julio Verne

Un drama en Livonia

Hay novelas que Julio Verne escribió mirando el horizonte, y hay otras que escribió mirando a los hombres. Un drama en Livonia pertenece a las segundas: no hay aquí globos ni submarinos ni cohetes hacia la luna, sino algo más antiguo y más difícil de resolver que cualquier enigma tecnológico. Hay un crimen, una comunidad herida y la pregunta que no caduca: ¿puede la justicia sobrevivir cuando el odio entre pueblos es más fuerte que la verdad?
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Portada de Un drama en Livonia
Un drama en Livonia
Julio Verne

Introducción

Hay novelas que Julio Verne escribió mirando el horizonte, y hay otras que escribió mirando a los hombres. Un drama en Livonia pertenece a las segundas: no hay aquí globos ni submarinos ni cohetes hacia la luna, sino algo más antiguo y más difícil de resolver que cualquier enigma tecnológico. Hay un crimen, una comunidad herida y la pregunta que no caduca: ¿puede la justicia sobrevivir cuando el odio entre pueblos es más fuerte que la verdad?

Livonia —ese territorio báltico que hoy comparten Latvia y Estonia, entonces bajo el Imperio ruso— es en esta novela mucho más que un escenario exótico. Es una caldera. Alemanes, rusos, letones y polacos conviven en una tensión que Verne observa con la precisión de quien ha estudiado geografías humanas tanto como geografías físicas. Cuando un crimen sacude la pequeña ciudad de Riga y el peso de la sospecha cae sobre un inocente, las fracturas étnicas y sociales de esa sociedad se abren de par en par. El misterio policial es el detonador; lo que explota es mucho más hondo.

Publicada en 1904, casi al final de su vida, esta obra sorprende a quienes solo conocen al Verne de las grandes aventuras científicas. El escritor que imaginó el fondo del mar y las entrañas de la Tierra dirige aquí su curiosidad hacia algo igualmente inexplorado: la mecánica del prejuicio, la fragilidad de la presunción de inocencia, la manera en que una comunidad puede destruir a uno de los suyos con la misma eficacia con que lo protegería si las circunstancias fueran otras. Es un Verne crepuscular, más sombrío y más sabio.

El ritmo narrativo, sin embargo, no traiciona al autor de siempre. Verne construye la intriga con pulso firme, dosificando las revelaciones, multiplicando los sospechosos, manteniendo al lector en ese estado de alerta placentera que es la marca de los grandes narradores populares. Pero bajo esa superficie de novela de enigma late una reflexión moral que no se resuelve fácilmente, que incomoda un poco incluso después de cerrar el libro.

Resulta llamativo —y revelador— que esta novela haya permanecido tanto tiempo en los márgenes del canon verniano, eclipsada por sus títulos más espectaculares. Quizás precisamente porque no ofrece el consuelo de la maravilla tecnológica ni la evasión de mundos imposibles. Ofrece, en cambio, el espejo ligeramente deformante de una sociedad que se parece demasiado a las nuestras: dividida, desconfiada, capaz de lo mejor y de lo peor según quién señale y en qué dirección.

Leer Un drama en Livonia es descubrir que Verne nunca fue solo el profeta de la ciencia ficción que los manuales escolares nos enseñaron. Fue también un escritor que entendía el dolor humano, que sabía que las fronteras más peligrosas no se trazan en los mapas sino entre las personas. Esta novela, modesta en sus ambiciones aparentes, guarda en su interior una honestidad sobre la condición humana que pocas de sus obras más famosas alcanzan.

Tiene usted entre las manos, pues, un Verne inesperado. Y los mejores descubrimientos, como él mismo sabía bien, son siempre los que no se anuncian.

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Cada gran obra esconde gemas del pensamiento

Hay frases que atraviesan los siglos, revelan verdades profundas y muchas veces cambian vidas. Viven escondidas en las obras que han marcado la historia de la humanidad. Leer es minarlas: cuando encuentres una que de verdad lo sea, márcala; si es una gema, se publicará con tu nombre en la página del autor y del libro. También descubrirás las gemas que ha hallado la comunidad.

No toda frase es una gema: una gema se sostiene sola, dice algo profundo y resuena en cualquiera.

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