Introducción
Uno de los grandes relatos de aventura y terror sublime de Edgar Allan Poe: la historia de un hombre que descendió al corazón de un remolino monstruoso y vivió para contarlo. En la cima de una roca altísima frente a las islas Lofoten, en la costa de Noruega, un viejo pescador de aspecto extrañamente envejecido —el pelo blanco, la fisonomía alterada— señala al narrador el terrible torbellino del Moskoe-ström, y le confía el suceso que jamás «ha ocurrido a mortal alguno».
Hace tres años, el viejo y sus dos hermanos salieron a pescar, como siempre, más allá del remolino. Pero un huracán repentino los sorprendió, y su goleta fue arrastrada al embudo colosal de aguas giratorias. Uno de los hermanos desapareció de inmediato, barrido por la borda. Los otros dos, atados a la nave, se precipitaron por la pared del abismo, entre una espuma rugiente y un extraño resplandor lunar, contemplando el fondo de la sima girar bajo sus pies.
Y entonces, en el momento de mayor horror, el pescador hace algo extraordinario: en lugar de rendirse al pánico, observa. Advierte que los objetos cilíndricos y los barriles descienden más despacio que los demás. Con esa fría deducción se ata a un tonel vacío y se lanza al agua, mientras su hermano, paralizado por el miedo, rehúsa soltarse de la nave y se hunde para siempre. El remolino amaina poco a poco y el viejo emerge, salvado por la razón en medio del espanto —pero con el pelo vuelto blanco «como el ala del cuervo» que fue negro el día anterior—. «Un descenso al Maelström» es una obra maestra sobre el terror de la naturaleza y la serenidad que salva.