Introducción
«Escúchame», dice el Demonio poniendo su mano sobre la cabeza del narrador, y comienza una de las fábulas más extrañas y musicales de Poe. La escena es un paisaje de pesadilla: una región desolada de Libia junto al río Zaire, de aguas amarillas y convulsas, poblada de lirios gigantescos que se suspiran unos a otros, bajo una luna carmesí.
Sobre una roca donde están grabados los caracteres DESOLACIÓN, un hombre solitario, envuelto en una toga romana, resiste. El Demonio desata contra él el tumulto —tempestad, trueno, rayo— y el hombre no cede. Pero entonces el Demonio pronuncia «la maldición del silencio», y todo enmudece: la luna se detiene, callan los árboles, los lirios, el murmullo. Y los caracteres de la roca han cambiado: ahora dicen SILENCIO. Y es entonces, ante la quietud absoluta, cuando el hombre se estremece de terror y huye.
Poe invierte lo esperable: no es el estruendo lo aterrador, sino su cese. Un poema en prosa sobre el horror del vacío y la soledad, cerrado con una imagen inolvidable —el Demonio que ríe en su tumba y maldice al narrador por no poder reír con él—.