Introducción
Una de las obras más intensas, sensuales y perturbadoras de Oscar Wilde: una tragedia en un acto que reinventa el episodio bíblico con toda la fuerza del simbolismo decadente. En la terraza del palacio de Herodes Antipas, bajo una enorme luna pálida, la joven princesa Salomé, hastiada del banquete y de las miradas lascivas de su padrastro, se siente irresistiblemente atraída por la voz del profeta Jokanaán (Juan el Bautista), preso en una cisterna.
Salomé exige verlo, y al contemplarlo queda poseída por un deseo obsesivo: quiere besar su boca. El profeta la rechaza con desprecio y la maldice, pero ella repite, como un ensalmo: «Besaré tu boca, Jokanaan». Mientras tanto, Herodes, enfermo de deseo por su hijastra, le suplica que baile para él y le promete cuanto pida. Salomé ejecuta la célebre danza de los siete velos y reclama entonces su precio: la cabeza de Jokanaán en una bandeja de plata.
Herodes, horrorizado, le ofrece tesoros para disuadirla, pero ella no cede, y el profeta es decapitado. Salomé toma la cabeza y besa por fin la boca muerta, declarando que «el misterio del amor es más grande que el misterio de la muerte». Sobrecogido de espanto y repugnancia, Herodes ordena a sus soldados: «¡Maten a esa mujer!», y estos la aplastan bajo sus escudos. «Salomé» es una obra maestra del teatro simbolista sobre el deseo, la belleza fatal y la muerte.