Editar capítulo

Texto plano · una línea en blanco separa párrafos · «## » = subtítulo

caracteres
Cronómetro:

Lectura rápida

Premium
Velocidad ppm

Demo hasta ppm · Premium llega a ppm.

Palabras por ráfaga

Más de 1 palabra por ráfaga es premium.

Entrenar fijaciones
Intensidad
ppm
Introducción

Tipografía y lectura

Tamaño
Fondo
Ancho
Justificado
Guiones (partición)
Ortografía moderna (fué→fue)
Fuente

Voz

Tu navegador no tiene voces instaladas para la lectura.

¿Las voces suenan robóticas? Cómo instalar voces más naturales →

Acerca del libro

Portada de Robur el conquistador

Julio Verne

Robur el conquistador

Hay una pregunta que Julio Verne se hizo a sí mismo en 1886 con una honestidad casi provocadora: ¿y si el futuro no perteneciera a quienes sueñan, sino a quienes conquistan? De esa incomodidad nació Robur, un personaje que no pide permiso, no debate ni espera consenso. Aparece, demuestra y desaparece.
Ver ficha completa

Reportar un error

¿Qué problema encontraste en este libro?

Para leer o escuchar la obra completa, adquiérela y consérvala para siempre, o hazte Premium.

Regístrate para conseguir este libro con tu 1.er crédito, o hazte Premium.

👑 Premium · acceso ilimitado
Portada de Robur el conquistador
Robur el conquistador
Julio Verne

Introducción

Hay una pregunta que Julio Verne se hizo a sí mismo en 1886 con una honestidad casi provocadora: ¿y si el futuro no perteneciera a quienes sueñan, sino a quienes conquistan? De esa incomodidad nació Robur, un personaje que no pide permiso, no debate ni espera consenso. Aparece, demuestra y desaparece. Y al lector le queda la extraña sensación de haber sido secuestrado —literalmente— por una idea.

La novela arranca en el seno del Weldon Institute de Filadelfia, un club de entusiastas del globo aerostático convencidos de que el aire solo puede conquistarse mediante aparatos más ligeros que él. Son hombres de fe, casi de religión. Y entonces irrumpe Robur el Conquistador, que sostiene exactamente lo contrario: que el futuro de la aviación pertenece a las máquinas más pesadas que el aire, a la fuerza bruta del ingenio mecánico. La discusión no termina en debate: termina en rapto. Robur se lleva a sus detractores a bordo del Albatros, su prodigiosa nave voladora, y les obliga a ver el mundo desde arriba.

Lo que hace singular a este Verne es su disposición a incomodar. Robur no es el héroe amable de otras novelas; es arrogante, inflexible, casi despótico en su certeza. Verne construye con él algo que en 1886 resultaba perturbador y que hoy sigue sin resolverse del todo: el retrato de un genio que tiene razón pero que ejerce esa razón como una forma de violencia. ¿Admiramos a Robur? ¿Lo tememos? La novela se niega a responder por nosotros.

El Albatros sobrevuela continentes, océanos y desiertos con una precisión casi insolente. Verne, que nunca voló en su vida, describe el mundo desde las alturas con una minuciosidad que asombra: la curvatura de los ríos vistos desde arriba, la geometría inesperada de las ciudades, la pequeñez súbita de todo lo que en tierra parece monumental. Hay en esas páginas una embriaguez del espacio que ningún mapa puede reproducir.

Pero Robur el conquistador es también, y quizá sobre todo, una novela sobre el conflicto entre visiones del mundo. Los miembros del Weldon Institute no son tontos ni cobardes: son hombres de su tiempo, atrapados en una convicción que el futuro va a desmentir. Verne los trata con una ternura irónica que dice mucho de su propia relación con el progreso: lo admiraba y le temía a partes iguales.

Publicada el mismo año en que Karl Benz patentaba su primer automóvil y apenas dos décadas antes de que los hermanos Wright despegaran en Kitty Hawk, la novela tiene la rarísima virtud de haber sido profética sin pretenderlo. Verne no sabía que tenía razón sobre la aviación de ala fija; simplemente seguía la lógica de su personaje hasta el final, con esa disciplina narrativa que distingue a los grandes.

Y luego está el final, que no conviene revelar, pero sí advertir: Verne no cierra esta historia como se cierra una demostración matemática. La cierra como se cierra una pregunta. Robur vuelve a desaparecer en el horizonte, y uno no sabe del todo si ha leído una aventura o un manifiesto, una utopía o una amenaza. Esa ambigüedad es el mayor regalo que la novela deja en las manos del lector.

Abrir estas páginas es subir a una nave que no pide tu opinión sobre si debe volar. Ya vuela. Lo que Verne te ofrece es la ventana.

Toca un párrafo

Cada gran obra esconde gemas del pensamiento

Hay frases que atraviesan los siglos, revelan verdades profundas y muchas veces cambian vidas. Viven escondidas en las obras que han marcado la historia de la humanidad. Leer es minarlas: cuando encuentres una que de verdad lo sea, márcala; si es una gema, se publicará con tu nombre en la página del autor y del libro. También descubrirás las gemas que ha hallado la comunidad.

No toda frase es una gema: una gema se sostiene sola, dice algo profundo y resuena en cualquiera.

Guardar en colección

Aún no tienes colecciones. Crea la primera abajo.