Introducción
Hay personas que viven más en lo que imaginan que en lo que tienen delante. Manrique, el protagonista de El rayo de luna, es una de ellas: un joven noble de Soria, poeta sin versos, solitario por elección, que huye del bullicio y prefiere pasear de noche entre ruinas y claustros, dejando volar la fantasía. No busca una mujer de carne y hueso; busca un ideal que ninguna existiría a su altura.
Una noche, entre los muros en sombra y la luz de la luna, cree distinguir el roce de un vestido, una figura que se desvanece al doblar una esquina. Le basta ese destello para convencerse de que por fin ha encontrado a la mujer soñada, y a partir de ahí toda la leyenda es una persecución febril: Manrique recorre calles, conventos y jardines de Soria tras esa presencia esquiva que siempre se le escapa.
Bécquer confesó que esta historia era, en cierto modo, la biografía de su propia alma, y se nota. Más que un cuento de misterio, El rayo de luna es un autorretrato del temperamento romántico: el del hombre que ama la idea del amor más que a cualquier persona real, y que corre el riesgo de enamorarse de sus propias ensoñaciones.
Por eso, bajo su apariencia sencilla, la leyenda esconde una de las reflexiones más profundas del autor. ¿Qué ocurre cuando lo que perseguimos no existe fuera de nosotros? ¿Es posible vivir de un ideal, o ese ideal acaba apartándonos de la vida? Bécquer no da lecciones; simplemente acompaña a Manrique hasta las últimas consecuencias de su sueño.
La ambientación, como siempre en él, es pura poesía: la Soria nocturna, los álamos, el murmullo del río, las ruinas plateadas por la luna. Ese paisaje no es un fondo, sino el reflejo del estado de ánimo del protagonista, y contribuye a esa atmósfera melancólica y hechizada que solo Bécquer sabía crear.
Es una lectura breve, delicada y algo triste, ideal para quien quiera conocer el lado más personal y confesional del autor. Quien haya perseguido alguna vez un imposible —en el amor, en el arte, en la vida— se reconocerá en Manrique más de lo que quisiera.
Sal con él a la noche de Soria y sigue esa figura que brilla y se apaga entre las ramas. Descubrirás una de las páginas donde Bécquer se retrató a sí mismo con más verdad.